
Lo que se representa cada semana en el Congreso de los Diputados no es política en sentido fuerte; es una misa laica para una feligresía exhausta. Se recitan fórmulas, se activan gestos, se invocan palabras mayores —democracia, pueblo, Constitución— con la misma solemnidad automática con la que se canta el menú del día, como si…

