La verdadera función de los políticos

En estos tiempos, la función de los líderes políticos debe ser mostrar al ciudadano nuevos modos de comportamiento y patrones de pensamiento, para conducirle hacia una vida de mayor plenitud y felicidad. De este modo, la ciudadanía podrá identificar las trampas de determinados comportamientos en las que cae un porcentaje significativo de la población. Es la diferencia entre una persona con una vida plena y otra que lleva una vida cargada de obstáculos sistémicos.

Muchas personas viven en un constante proceso de adaptación como resultado de seguir señales ambiguas e ignorar las correctas. Nadie sabe qué tendencias determinan el comportamiento aceptable para la inclusión en las instituciones estatales y sociales dominantes. Por otro lado, todo el mundo cree que el factor más importante es la economía. Esta es una creencia falsa pues lo más relevante en Europa en estos momentos es el bienestar espiritual y moral de la ciudadanía. Es la razón principal para promover la economía como herramienta para que los ciudadanos desarrollen su virtud en este sentido. Al hablar de virtud en sociedad me refiero a la voluntad del individuo para actuar conforme a determinados proyectos ideales tales como el bien, la verdad, la justicia y la belleza. En este sentido, la virtud se contrapone al vicio y tiene un impacto significativo en la vida ética.

No obstante, ¿qué es lo que reprime a los políticos para fomentar estos comportamientos y patrones en los ciudadanos? ¿Qué influencia es capaz de torcer en la voluntad de quienes ocupan puestos de responsabilidad pública? Tal vez sea el hecho de que un pequeño grupo de personas se burle de ellos y manipule a los medios de comunicación para convertirles en parias. Una minoría insignificante pero muy ruidosa que distorsiona su imagen y luego una masa acrítica que se hace eco de este pequeño colectivo repitiendo como papagayos cualquier cosa que digan.

Es hora de que los políticos preparen a los ciudadanos para que asuman sus responsabilidades sociales y no apoyen ciegamente el horrible sistema social en construcción. Pues cuanto más esperen para reaccionar, más alto será el precio a pagar.

En nuestra sociedad prevalece una perversidad en la que personas motivadas por el odio son infinitamente implacables en su intento de erradicar nuestros valores para salvar los suyos. Este juego de políticas identitarias es extremadamente peligroso porque socava las convicciones del pueblo ya que se fundamenta en el resentimiento y en el deseo de regresar al antagonismo tribal, en el que la ley y la razón no tienen significado.

En consecuencia algunos estados emplean una técnica a puerta cerrada conocida como «societría»[1], que pretende tratar sociedades enteras en lugar de individuos. Para ello, simulan la terapia conductual dividiendo un problema en fragmentos cada vez más pequeños hasta encontrar uno lo suficientemente reducido como para tratarlo, establecer la comunicación y, luego, introducir el siguiente fragmento. Puede utilizarse para hacer que los ciudadanos pierdan el miedo y se vuelvan más asertivos, o para hacer que renuncien a sus libertades. Por lo que esta terapia puede ser positiva o negativa. Sin embargo, desde una perspectiva bienintencionada, observamos que el ciudadano se dispone a realizar algo nuevo, lo que resulta fascinante; hay información en la acción, y esta información puede utilizarse para convertirla en una habilidad y, como resultado, cambiar sus percepciones.

Algunos sostienen que el gobierno debe comunicarse con los ciudadanos mediante un diálogo honesto, directo y maduro para motivarlos a todos. Para asegurarse de que estén alineados. Este es precisamente el problema al que se enfrenta nuestra sociedad. Por este motivo, me parece alarmante el concepto actual de progreso. Creo que se utiliza para inculcar un sentimiento de intransigencia hacia el poder, que luego se emplea como panacea para disipar las voces insatisfechas. Por otro lado, el estado y las grandes corporaciones están colaborando para mantener el poder, lo cual ha permitido que se dicten muchas leyes y reales decretos sin el debido proceso democrático, y creo que, durante la pandemia el sector tecnológico ha tenido más acceso a la información privada del ciudadano. En lo personal, soy escéptico respecto a sus objetivos. En los últimos dos años, la estructura de poder se ha vuelto tiránica y contraproducente, pero esto es lo que ocurre cuando se pervierte, y resulta muy visible en algunos ámbitos.

Hasta que los dirigentes políticos no comprendan con claridad su papel y compromiso ante la sociedad, situando al individuo como prioridad y garantizando la igualdad entre los ciudadanos, no podremos seguir avanzando como cultura. Debemos maximizar nuestra capacidad para crear, compartir y poner en práctica nuevas y poderosas ideas que sirvan de base para futuros cambios estructurales socioeconómicos con la ciudadanía como piedra angular.

[1] Keith, J.: (1999) <<Mass Control: Engineering Human Consciousness>> Pág 33. Adventures Unlimited Press.

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