El declive de Estados Unidos

Introducción

Aunque parezca increíble a los dirigentes laicos, el mal existe. Ha existido siempre con la misma intensidad. Lo que ocurre es que antes no disponía de los medios tecnológicos para manifestarse en todo su horror. Esta realidad no me preocupa ya que quien está detrás del mal es creado y quien sustenta el bien es creador. Simplemente es incomparable. No obstante, al margen de los planteamientos teológicos cristianos de los cuales no me avergüenzo, existen otros factores de carácter político y social que explican el declive de los Estados Unidos.

Como he comentado anteriormente, Estados Unidos se mantendrá al margen del conflicto en Ucrania, pues tendrán que combatir eficazmente el virus que Rusia y China han introducido a través de sus satélites latinoamericanos con el fin de provocar el caos social y romper la nación desde dentro. El gobierno estadounidense es perfectamente consciente de la situación.[1]

La presidencia de Joe Biden, con su manifiesto deterioro tanto físico como mental, es un símbolo evidente de la degradación que sufre un sistema político con necesidad urgente de renovación.[2] Kamala Harris, en cambio, simboliza el asalto al poder de los analfabetos funcionales. Su absoluta falta de conocimientos geopolíticos ha sido motivo de burla en los medios de comunicación estadounidenses.[3] La sociedad norteamericana no es tan tonta como los medios de comunicación españoles nos quieren hacer creer, y está comprometida con un cambio radical en su política interior y exterior.

Los errores de la hegemonía liberal

Por su naturaleza, la hegemonía liberal comprometió a Estados Unidos a reestructurar otras sociedades para que adoptasen los principios liberales, realizando un esfuerzo por empujarlos en esa dirección. No obstante, esa iniciativa fracasó porque se exageró la capacidad estadounidense para la ingeniería social a gran escala en sociedades cuya historia, características internas e instituciones sociales eran considerablemente diferentes de la experiencia estadounidense.[4][5]

El buen funcionamiento de Estados Unidos engañó tanto a los demócratas como a  republicanos haciéndoles creer que la democracia liberal era un remedio milagroso para el crecimiento económico y la tranquilidad política, y les convenció de que un deseo universal de riqueza y libertad se impondría a las «anticuadas» identidades nacionales, étnicas o religiosas y obviaría las preocupaciones sobre el poder relativo de los grupos competidores en otros países.[6] Dentro de su cosmovisión, la historia se dirigía en una dirección progresista y las demás sociedades no podrían esperar a copiar su modelo, apresurándose a renunciar a las viejas formas de pensar, a abrazar la democracia, a solucionar pacíficamente los conflictos internos y a unirse con entusiasmo al orden mundial liberal que estaba creando Estados Unidos. Si esta perspectiva optimista hubiese sido acertada, prácticamente nadie se habría resistido al esfuerzo de Estados Unidos por hacer entrar a otros países en el siglo XXI.

Era una perspectiva que resultó ingenua por no decir delirante. La «revolución de terciopelo «,[7] en Europa del Este y una «ola democrática»[8] en América Latina fueron signos alentadores al comenzar la década de 1990, pero las tendencias seculares a favor de la democracia liberal estaban lejos de ser universales y los regímenes autoritarios demostraron ser sorprendentemente resistentes en Rusia, China, Oriente Medio y partes de Asia como estamos observando en la actualidad. Han sido necesarios siglos para que surjan instituciones democráticas medianamente estables en Europa Occidental y en Norteamérica, por lo que ese largo proceso ha sido conflictivo y, a menudo, violento. Pensar que Estados Unidos podría crear sistemas liberales en los Balcanes, Afganistán, Irak o cualquier otro lugar de Oriente Medio en pocos años era inverosímil. Tanto, que en 2017, no estaba claro si la democracia liberal sobreviviría en algunas partes de Europa.[9] La pretensión de extender la democracia mediante el cambio de regímenes estaba condenada al fracaso, pues el cambio de sistemas de gobierno genera inevitablemente ganadores y perdedores y la oposición al nuevo orden se torna violenta. Lógicamente, los vacíos de poder provocan actos de resistencia, respaldados por los factores de sentimiento de identidad y pertenencia, obligaciones locales, sean nacionales, étnicas, tribales, sectarias o de otro tipo, que no desaparecen súbitamente con la caída de un tirano, y algunos de los pueblos a los que Estados Unidos intentó favorecer se resintieron por su injerencia y estaban dispuestos a combatir y morir en la misma.

En este sentido, no resulta sorprendente que los daños ocasionados a los civiles por las fuerzas estadounidenses, las internacionales y las afganas contribuyeran significativamente al crecimiento de los talibanes. Esos actos socavaron los esfuerzos bélicos al tensar la relación entre Estados Unidos y Afganistán, a la vez que debilitaron enormemente la legitimidad tanto de la misión estadounidense como la del gobierno afgano. Esa tendencia se reflejó también en Yemen, Irak, Siria y Pakistán. Mientras más intentaba Estados Unidos propagar sus principios liberales, mayor era la oposición que provocaba. Por otro lado, los funcionarios estadounidenses en Afganistán, Irak, Yemen y Libia carecían de los conocimientos locales necesarios para dirigir eficazmente la construcción del Estado. Como quedó patente en una infame diapositiva de PowerPoint sobre la guerra de Afganistán, la construcción del estado en el marco de una campaña de contrainsurgencia fue un proceso absurdamente complejo que apenas podía comprenderse, y mucho menos aplicarse con éxito. Los testimonios personales de los participantes en estos trabajos dejaron muy claro que los responsables de los mismos no sabían en qué líderes locales confiar o apoyar, no entendían las complejas y sutiles redes de lealtad y autoridad en las que intentaban trabajar, e inevitablemente pisoteaban las costumbres y sensibilidades locales.[10]

Lo más sorprendente, sin embargo, ha sido la perversidad oculta detrás de los argumentos esgrimidos al vender la hegemonía liberal. Un relato retorcido que pretendía convencer a los estadounidenses de que se enfrentaban a un poderoso y variopinto grupo de enemigos que no podían ser ni persuadidos ni disuadidos, de modo que había que apoyar los esfuerzos realizados para eliminarlos aun a riesgo de agravar el problema. Ese convencimiento para salvaguardar la prosperidad y promover los valores fundamentales de Estados Unidos facilitó el apoyo de los ciudadanos a una ampliación del papel de Estados Unidos en el mundo.

El aparato propagandístico procuró hacer parecer que los costes para los estadounidenses eran bajos, y ocultó al público las consecuencias que debían asumir otras personas en los países que intervenían. Así nadie cuestionaría al gobierno. La campaña vendida por medio del Instituto Aspen, el Foro de Davos, el Club Bilderberg bajo los auspicios de la Comisión Trilateral, fue impulsada a través de publicaciones de libros, artículos, blogs e informes de grupos de trabajo; promoviendo acontecimientos mediáticos en Internet; presentándose en la televisión y en la radio; declarando en el Capitolio; asesorando a las agencias gubernamentales; y sirviendo en el propio gobierno.

A su vez, existen grupos e individuos partidarios de una política exterior activista ya que se benefician en mayor o menor medida de ella. Los principales organismos gubernamentales competentes están evidentemente interesados en una ambiciosa agenda global porque de esta forma justifican su exigencia sobre una parte sustancial del presupuesto federal. Los fabricantes de armas, funcionarios, los grupos de presión étnicos, activistas de derechos humanos, así como otros intereses especiales tienen motivos egoístas en favor de la hegemonía liberal, sobre todo si pueden convencer a la opinión pública para que apoye a los proyectos que ellos favorecen.

Finalmente, mientras más avanza la política exterior de Estados Unidos, mayor es la necesidad de conocimientos técnicos en materia de relaciones internacionales y mayores son las oportunidades de ascenso a la fama para los mandarines ambiciosos del cuerpo diplomático. Independientemente de sus convicciones personales, la mayor parte del personal diplomático y demás miembros de la comunidad del servicio exterior son conscientes de que desafiar los principios centrales de la hegemonía liberal del país no es una opción profesional inteligente así que prefieren mirar hacia otro lado, dando la espalda a los principios y virtudes que caracterizan a las personas de bien.

[1] Galascio Sánchez, M.A.: (2022) <<La crisis de Ucrania>> 15 de febrero. Policyexamination https://policyexamination.com/2022/02/15/la-crisis-de-rusia/

[2] Alonso-Zaldivar, R.: (2022) << How Biden Plans to Tackle Chronic Gaps in Mental Health Care>> March 3, 2022. Time. https://time.com/6154361/biden-mental-health-care-plan/

[3] Chamberlain, s.: (2022) <<Kamala Harris mocked for child-like explanation of Russia-Ukraine war>> New York Post. https://nypost.com/2022/03/01/kamala-harris-mocked-for-russia-ukraine-war-explanation/

[4] Ebeling, R.M.: (2018) <<Why the Social Engineers of the Sixties Failed to Make a «Great Society»>> April 11, 2018 https://fee.org/articles/why-the-social-engineers-of-the-sixties-failed-to-make-a-great-society/

[5] Mearsheimer, J.J.: (2018) <<The Great Delusion. Liberal Dreams and International Realities>> Yale University Press. New Haven & London. The Henry L. Stimson Lectures at the Whitney and Betty MacMillan Center for International and Area Studies at Yale.

[6] Wilkinson, P.: (2001) << Terrorism Versus Democracy: The Liberal State Response>> Frank Cass Publishers.

[7]Britannica, T. Editors of Encyclopaedia (11-03-2022). <<Velvet Revolution>>. Encyclopedia Britannica. https://www.britannica.com/topic/Velvet-Revolution Nota: La Revolución de Terciopelo, movimiento de protesta nacional en Checoslovaquia en noviembre-diciembre de 1989 que puso fin a más de 40 años de gobierno comunista en el país. Durante 1989 estalló una ola de protestas contra el régimen comunista en Europa del Este. El 16 de noviembre, los estudiantes de Bratislava (Checoslovaquia) se reunieron en una manifestación pacífica, y al día siguiente tuvo lugar en Praga una marcha estudiantil aprobada por las autoridades. La marcha de Praga pretendía conmemorar el 50º aniversario de la represión de una manifestación estudiantil en la Praga ocupada por los alemanes, pero los estudiantes pronto empezaron a criticar al régimen, y la policía reaccionó con brutalidad. Este incidente desencadenó la Revolución de Terciopelo, que cobró especial fuerza en los centros industriales del país. Las manifestaciones y huelgas prodemocráticas tuvieron lugar bajo el liderazgo improvisado del Foro Cívico, un grupo de oposición cuyo principal portavoz era Václav Havel, un dramaturgo disidente y coautor de la Carta 77, una petición (1977) que instaba al gobierno a respetar los derechos humanos tal y como se recogían en los Acuerdos de Helsinki de 1975. En Eslovaquia se fundó un grupo paralelo llamado Público contra la Violencia. Las concentraciones masivas diarias culminaron en una huelga general el 27 de noviembre, en la que el pueblo exigió elecciones libres y el fin del régimen de partido único. Las autoridades comunistas se vieron obligadas a negociar con la oposición. Como resultado, se formó un gobierno de transición que incorporaba a miembros del Foro Cívico y de Público Contra la Violencia, y Gustáv Husák dimitió el 10 de diciembre de 1989. Havel fue elegido presidente interino el 29 de diciembre de 1989, y fue reelegido para la presidencia en julio de 1990, convirtiéndose en el primer líder no comunista del país desde 1948.

[8] Marina, J.A.: (2018) <<Olas de democracia…>> https://www.elmundo.es/cronica/2018/10/21/5bcb1b7e268e3e63148b45ee.html Nota: La expansión de la democracia durante el siglo XX animó a Fukuyama a decir que habíamos alcanzado el fin de la evolución política. En parte tenía razón, pero olvidó que, como su maestro Samuel Huntington había mostrado, la democracia avanza por olas, que hasta ahora han sido sustituidas por otras olas antidemocráticas.

[9]Kriesi, H.: (2020) <<Is There a Crisis of Democracy in Europe?>> Polit Vierteljahresschr 61, 237–260 (2020). https://doi.org/10.1007/s11615-020-00231-9

[10] Bumiller, E.: (2010) <<We Have Met the Enemy and He Is PowerPoint>> https://www.nytimes.com/2010/04/27/world/27powerpoint.html

      

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