Educopía

 “Las civilizaciones mueren por suicidio, no por asesinato”.[1]

¿Por qué hablar de educación? ¿Por qué no? Me decía un amigo, “si quieres que te escuchen, no cantes en el coro”. Se trata de uno de los aspectos más importantes de la sociedad moderna, sobre todo, una occidental basada en la ciencia y en la búsqueda de nuevas formas de facilitar la vida del ser humano. Sin duda, cuando hablamos de educación, estamos realmente hablando de un poderoso factor de transformación social y cultural, que dejará una profunda huella sobre la nueva sociedad que se está creando y para la cual los sistemas educativos no están preparados. En este sentido, deseo desde lo más profundo, que la huella que dejemos no sea en forma de fósil. Sin embargo, soy un escéptico de las burocracias. Hoy me atrevo a afirmar, que los estudiantes actuales son como fetos dentro del oscuro útero del sistema educativo. Entre esos futuros ciudadanos, todavía amorfos, hay prematuros que nunca se adaptan, que no sobreviven, algunos normales incapaces de avanzar, abortos, cesáreas en aquellos que les apañan las calificaciones y los enchufan, y como no, auténticas abominaciones con título y sin título para todos los gustos que pululan en el ámbito político.

El análisis de la educación no debe observarse desde un espectro limitado, automarginante y confuso que algunos desean que prevalezca, porque hay intereses particulares que persiguen que sean unos pocos los que tengan el conocimiento, los intermediarios y señores feudales de los títulos y empleos, mientras que una gran masa cautiva, está subyugada al sector servicio. De ahí, la perpetuidad de algunos en el poder.

Por otro lado, la situación actual se caracteriza por un grado de integración global dentro del ámbito económico, político y cultural al que no debemos darle la espalda. Según Francis Fukuyama, hemos llegado al final de la historia, el capitalismo, la democracia y la perspectiva secular moderna han ganado y las futuras interacciones globales, con toda probabilidad serán dominadas por controversias o cuestiones tecnológicas y económicas, más que, lucha ideológica y cultural.[2] Otros como Samuel Huntington han hablado de choque de civilizaciones, mientras sociedades irreconciliablemente diferentes compiten por convertirse en potencia mundial.[3]

Hoy más que nunca, hace falta una educación liberal y con capacidad para adaptarse rápidamente a los vertiginosos cambios económico-sociales de ámbito global. Hacen falta unas destrezas cualitativas y lingüísticas sólidas y la capacidad para analizar y resolver problemas económicos; la capacidad para hacer y evaluar argumentos sobre política pública y sobre grandes cuestiones, sobre su significado y valor, los cuales son esenciales en las democracias actuales y fundamentales para sobrevivir en el complejo paisaje cultural global que se dibuja. Para cumplir con las expectativas del nuevo milenio se deben cambiar los currículums, agendas escolares y la manera en que las instituciones educativas están organizadas.

En este aspecto, reside el éxito y la esperanza de la raza humana y el triunfo sobresaliente de la ciencia. Hemos llegado al punto de no retorno, cualquier traspié es involución.

La influencia impetuosa de la tecnología nos está convirtiendo en un sólo pueblo; donde el legado de cualquier raza está a disposición de las demás; las mejores ideas de los siglos están disponibles para todos; las antiguas técnicas y los métodos modernos se unen y se intercambian. Ante ésta situación, me pregunto, ¿debemos ir a contracorriente? Enfrentarnos a algo que no podemos cambiar, porque las fuerzas de las grandes potencias nos arrastran, porque nuestra opinión dentro del ámbito global no es decisiva y mucho menos importa. Por lo tanto, debemos adoptar una estrategia de supervivencia y sintonizar con las necesidades reales de la nueva economía mundial.

Hay muchos masters que inflan los currículums y se ven muy bien, sin embargo, solo sirven para alimentar la vanidad personal, sin proporcionar verdadero bienestar. Por otro lado, hay muchos cursos basura, donde se crean falsas expectativas de empleo y que solo sirven para entretener a los desempleados, incautos hipnotizados, dominados por la ilusión de progreso. Estos cursos, sólo enriquecen a los organizadores sin hacer nada por el genuino enriquecimiento cultural y educativo de los ciudadanos.

En mi opinión, las palabras de Carlyle citadas en el libro de L. P. Jacks, siguen describiendo apropiadamente la época actual:

Hasta los tontos se detienen a preguntar qué significa la época que estamos pasando; pocas generaciones han tenido días tan impresionantes. Días de interminables calamidades, derrumbes, desorganizaciones, dislocamientos y confusiones cada vez peores… Necesitamos algo más que una esperanza, pues la rutina… es universal. Debe haber un nuevo mundo si queremos que exista el mundo. Es muy remota la esperanza de que los seres humanos de Europa vuelvan a la antigua y penosa rutina, para seguir adelante constante y firmemente. Estos días de mortandad universal deberán ser de renacimiento universal, para que la ruina no sea total ni definitiva. Ha llegado el momento de que el más torpe se preocupe por saber de dónde viene y hacia dónde va». Se preguntarán, ¿por qué cito éste pasaje? ¿Suena algo esotérico? Esencialmente, porque la educación a través de la historia se ha caracterizado también por una eufórica búsqueda del significado de la vida, que implica la capacidad de reflexionar cabalmente. Sólo reflexionando en profundidad se podrán explorar las tendencias globales que impactan nuestra educación, sólo entonces tendremos una posibilidad de estar preparados. Sin embargo, ¿cuál será el mayor enemigo del cambio? Probablemente, el propio sistema educativo, porque las burocracias siempre se resisten al cambio y emplean gran parte de su tiempo a proteger sus propios intereses.

En definitiva, la solución ya no está en nuestras manos sino en aquellos cargos con responsabilidad política que nos representan y que con frecuencia olvidan a quienes sirven.

[1]Arnold Joseph Toynbee (1889–1975) Historiador británico cuyo análisis de 12 volúmenes sobre el ascenso y caída de las civilizaciones, Un estudio sobre Historia, 1934-1961, era una síntesis de la historia mundial, una “meta-historia” basada en los ritmos universales de ascenso, florecimiento y declive, el cual examina la historia desde una perspectiva global.

[2] Fukuyama, F.: (1989) “The end of history?” The National Interest, nº 16:3-18.

[3] Huntington, S. (1993) “Clash of Civilizations”. Foreign Affairs 72 (3):22-28.

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