Desconexión: El Declive de la Humanidad

Los Millennials, excesivamente dependientes de la tecnología, afecta su capacidad para comunicarse cara a cara o para concentrarse en tareas sin distracciones. Por otro lado, las crisis económicas y cambios en el mercado laboral, han resultado en mayores niveles de inestabilidad laboral y dificultades para encontrar empleo estable y bien remunerado. Por otra parte, la Generación Z experimenta altos niveles de ansiedad y baja autoestima debido a su uso excesivo de las redes sociales y la presión por mantener una imagen perfecta en línea. Además, a menudo está acostumbrada a la gratificación instantánea y por lo que tiene dificultades para mantener la atención en tareas que requieren un esfuerzo prolongado o paciencia, lo que afecta su rendimiento académico y laboral.

En general, las generaciones actuales muestran una falta de conciencia sobre los eventos y problemas que afectan a las universidades y su posible repercusión en el futuro de la sociedad. Además, su participación en movimientos y protestas estériles a menudo se percibe como irracional o contraproducente. Estas tendencias reflejan una preocupación creciente sobre el rumbo que toma la evolución humana, lo que plantea desafíos significativos para el progreso y la cohesión social.

Los jóvenes están desinteresados y desconectados de los problemas más amplios que enfrenta la sociedad. Se han tornado impulsivos y están influenciados por ideas extremas sin considerar las consecuencias de sus acciones.

La combinación de esta situación con un uso frecuente de un lenguaje y prácticas engañosas, particularmente en el ámbito legislativo, genera una seria preocupación no solo por el bienestar y los derechos de los estudiantes universitarios, sino también por el de los niños y las familias. Estos últimos pueden ser víctimas de intervenciones médicas perjudiciales disfrazadas de “cuidado afirmativo de género”.

Debemos librar una defensa apasionada de la verdad, la realidad y la importancia del lenguaje claro y específico al discutir temas importantes. Hay que neutralizar las tácticas manipuladoras utilizadas para impulsar una agenda, que promueve una confusión para discernir la verdad de la mentira, especialmente en asuntos que afectan la salud y la seguridad de los niños.

Bajo una apariencia superficial, el activismo progresista fomenta una cultura de cancelación, donde se calla o desacredita a aquellos que expresan opiniones divergentes o cuestionan ciertas narrativas. Esto conduce a una intolerancia hacia la diversidad de opiniones y restringe el debate abierto y constructivo. 

La cultura de la corrección política fomenta una mentalidad de sensibilidad excesiva y victimización, en la que las personas se ofenden fácilmente y buscan constantemente validación y protección. Esto obstaculiza el desarrollo de la resiliencia emocional y la habilidad para manejar el conflicto de forma constructiva.

En algunos casos, el movimiento despertar social contribuye a la división y la polarización social al enfocarse en identidades grupales y promover un enfoque binario de “nosotros contra ellos”. Esto puede obstaculizar la construcción de puentes y la búsqueda de soluciones colaborativas a los problemas sociales.

El propósito final de la agenda de género, uno de los pilares del movimiento woke, forma parte de un plan más amplio para avanzar hacia lo que se conocerá como «humanos sintéticos». Sin embargo, este movimiento debe primero difuminar y distorsionar las definiciones tradicionales de género, mediante una serie de cambios psicológicos y socioculturales significativos, antes de poder realizar una transición física hacia humanos sin género biológico, en un contexto de indiferencia generalizada.

Para que esta estrategia pueda tener éxito, es necesario promover la confusión de género en las escuelas y en la sociedad en general. Esto se logra mediante iniciativas como la lectura de cuentos por parte de hombres vestidos con ropa femenina en entornos educativos. Este proceso busca allanar el camino hacia un estado en el que la identidad de género pierda relevancia y se establezca un modelo de «ser humano sin género». El objetivo es pasar de la sensación constante de estar inmerso en una confusión interna, amenazada por las dificultades sembradas en el camino, hacia un estado de placer y aceptación.

Se trata de un plan más amplio de control social y manipulación de la percepción humana, con el objetivo último de transicionar hacia una humanidad completamente sintética, donde la reproducción biológica sería reemplazada por métodos tecnológicos.

Se aproxima sigilosamente, tejida entre las sombras, forjando una desconexión que hiere de manera cruel e irremediable, conduciendo a la sociedad hacia un silencio absoluto. Una oleada de confusión y rareza ha invadido la conciencia colectiva, alimentada por datos difusos y extraños recuerdos provenientes de una memoria global flaca y perturbada. La sociedad exhausta se convierte en un bullicioso desorden moral, sumido en la locura y derrumbando los cimientos mismos de Occidente.

En este sentido, las últimas dos generaciones representan una rendición de la humanidad en términos de inspiración, creatividad, pensamiento crítico e inteligencia, ante una red global de impulsores que siguen los dictados de una élite despreciativa hacia aquellos que les sirven. Por otro lado, aunque esta misma élite desprecie las voces críticas que anhelan el restablecimiento del equilibrio y la cordura en la política pública global, las respeta por no haber renunciado a su esencia, a su individualidad, lo cual algunos consideran, desde una perspectiva teológica, equivalente a vender su alma.

En este escenario alarmante, se vislumbra un futuro sombrío marcado por una creciente desconexión de la realidad y una erosión de los valores fundamentales de la sociedad. La combinación de la dependencia tecnológica, la falta de compromiso con la verdad y la manipulación de la percepción humana podría llevarnos a una era de control social totalitario, donde la individualidad se desvanece y la humanidad se encamina hacia una existencia sintética y despersonalizada. Este futuro distópico plantea serias interrogantes sobre la supervivencia de la sociedad tal como la conocemos y subraya la urgente necesidad de defender la verdad y la libertad individual frente a las fuerzas que amenazan con socavarlas.

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