Desde una perspectiva psicológica, la tendencia a simplificar en exceso la realidad ejerce un impacto considerable en nuestra forma de pensar y nuestras interacciones con los demás. Conforme a las investigaciones del renombrado psicólogo Aaron Beck, uno de los precursores de la Terapia Cognitivo-Conductual, el pensamiento simplista y dicotómico, caracterizado por la tendencia a verlo todo en términos de «todo o nada» y la división inflexible de conceptos, puede desencadenar una distorsión cognitiva denominada «pensamiento polarizado». Esta distorsión, a su vez, puede contribuir a la manifestación de ansiedad, depresión y la complicación de nuestras relaciones interpersonales, ya que nos impide apreciar la riqueza de la complejidad y los matices inherentes a diversas situaciones. En numerosas ocasiones, descubrir la verdad se basa en nuestra habilidad para percibir la complejidad y los matices presentes en las situaciones.
Por tanto, para contrarrestar este patrón de pensamiento, resulta esencial abrazar la complejidad. La psicología positiva, desarrollada por el destacado psicólogo Martin Seligman, nos alienta a fomentar un pensamiento positivo y flexible que implica el reconocimiento de la ambigüedad y la consideración de múltiples perspectivas en las situaciones de la vida real. Al adoptar este enfoque, podemos liberarnos de la necesidad de tener siempre la razón y, en cambio, cultivar relaciones más saludables y una mentalidad más resistente, capaz de afrontar y superar los desafíos con mayor eficacia.[1]
Por otra parte, en la dimensión sociológica, la dicotomía en el pensamiento también tiene un impacto profundo en la sociedad. Herbert Marcuse, un teórico crítico, argumentó que el pensamiento binario puede ser explotado por quienes buscan mantener el statu quo y ejercer el control sobre la población. La reducción de los problemas sociales a una dicotomía de «nosotros contra ellos» suele perpetuar la desigualdad y la fragmentación en la sociedad. Sin embargo, no podemos pasar por alto que los desafíos planteados por aquellos que buscan establecer su dominio en la sociedad a través de influencia política, medios de comunicación y plataformas de redes sociales tienden a promover la polarización.
Este tipo de pensamiento también se ha abordado desde una perspectiva sociológica funcionalista. Emile Durkheim, uno de los padres fundadores de la sociología, destacó la importancia de la solidaridad social. La simplificación excesiva y la polarización pueden socavar la cohesión social al fomentar la fragmentación y el conflicto entre grupos. Para construir una sociedad más justa y armoniosa, es esencial abrazar la complejidad y promover el diálogo entre diferentes perspectivas.[2] Esto no implica que, en un momento específico, la sociedad se encuentre en una situación crítica y deba optar entre dos cursos de acción para abordar un problema crucial para su supervivencia.
Bajo el prisma cultural, debemos explorar cómo nuestra tendencia a pensar de manera simplista influye en la forma en que percibimos el mundo que nos rodea. El antropólogo Clifford Geertz sostuvo que la cultura es un sistema de significados y símbolos compartidos que dan sentido a la realidad. La simplificación excesiva puede limitar nuestra capacidad de comprender la diversidad cultural y las complejidades de otras culturas.
Para superar este obstáculo cultural, debemos adoptar una perspectiva antropológica que valore la apertura a la multiplicidad de significados y prácticas culturales sin perder nuestra identidad. La antropóloga Ruth Benedict argumentó que la cultura no es un conjunto de normas universales, sino que varía según el contexto cultural. Abrazar esta diversidad cultural nos permite enriquecer nuestra comprensión del mundo y promover una convivencia más armoniosa en una sociedad multicultural.[3] Debo subrayar que esto es posible cuando todos los grupos sociales tienen la predisposición de integración.
En síntesis, evitar la simplificación excesiva y abrazar la complejidad en nuestro pensamiento es esencial desde las perspectivas psicológica, sociológica y cultural. Superar la trampa del pensamiento dicotómico nos permite desarrollar relaciones más saludables, construir una sociedad más justa y apreciar la riqueza de la diversidad cultural sin perder nuestra identidad. Al adoptar una mentalidad abierta y flexible, liberándonos de la necesidad de tener siempre la razón, podemos alcanzar una comprensión más profunda y encontrar soluciones innovadoras a los problemas persistentes en nuestras vidas y en la sociedad haciendo que aflore la verdad.
[1] Beck, A. T. (1976) <<Cognitive therapy and the emotional disorders>>. International Universities Press.
[2] Marcuse, H. (1964) <<One-Dimensional Man: Studies in the Ideology of Advanced Industrial Society>>. Beacon Press.
[3] Geertz, C. (1973) <<The Interpretation of Cultures>>. Basic Books.
