La lucha del Occidente por su identidad y la división cultural

En los últimos años, el mundo occidental ha estado inmerso en una tumultuosa lucha por su identidad y significado. Los valores y tradiciones que alguna vez definieron al Occidente ahora están siendo cuestionados y rechazados, mientras nuevas ideologías y movimientos culturales toman protagonismo. Esta crisis de identidad ha llevado a una profunda división dentro de las sociedades occidentales, con individuos y comunidades enfrentándose a creencias contradictorias y una sensación de fragmentación personal.

Una observación sorprendente es la disposición del Occidente a abrazar cualquier tradición o ideología, siempre y cuando no sea propia. Esta búsqueda equivocada de significado ha llevado a la adopción de ideas regresivas que chocan con los valores y principios que han moldeado a la civilización occidental. Un ejemplo que ilustra perfectamente esta tendencia es la inclusión de oraciones a los dioses aztecas en un plan de estudios modelo para Estudios Étnicos en California. Aunque se pretenda fomentar la unidad e impulsar la clase, estas oraciones a deidades asociadas con el sacrificio humano y el canibalismo reflejan una desconexión con la herencia cultural del Occidente.[1] Es un tanto irónico, considerando que Sacramento, San Francisco, Los Ángeles, San Diego y San José han sido fundadas por misiones cristianas españolas.[2]

La erosión de la identidad occidental también se ha manifestado en la demonización de la población mayoritaria y el rechazo de la historia del Occidente. La disminución de la población blanca, por ejemplo, ha sido celebrada por algunos como un signo de progreso, mientras que una disminución similar en cualquier otro grupo racial o étnico sería considerada alarmante. El odio y el desprecio hacia uno mismo que impregnan a las sociedades occidentales han dado lugar a una retórica y acciones divisivas, así como a la devaluación de las contribuciones occidentales al conocimiento, la comprensión y la cultura.

Las contribuciones occidentales al conocimiento, la comprensión y la cultura son vastas y significativas. Desde los filósofos griegos que sentaron las bases de la filosofía occidental, pasando por el florecimiento cultural del Renacimiento y la revolución científica del siglo XVII, hasta los avances en derechos humanos, literatura, música clásica y ciencia y tecnología, el Occidente ha dejado un legado perdurable en diversos campos. Estas contribuciones han enriquecido la herencia cultural global y han promovido el diálogo intercultural, consolidando al Occidente como un faro de conocimiento, comprensión y riqueza cultural.

Aunque algunos individuos han tenido el coraje de expresarse en contra del asalto a los valores occidentales, lamentablemente conforman un grupo minoritario. Muchos se han visto presionados a conformarse con las reglas y el lenguaje impuestos por una minoría ruidosa que rechaza las contribuciones positivas del Occidente. Figuras como Ibram X. Kendi[3] y Robin DiAngelo[4] han adquirido prominencia y han sido recompensados con reconocimiento y elogios por sus narrativas divisivas. Sin embargo, sus exigencias de un nivel de antirracismo inalcanzable y su desprecio hacia cualquier avance realizado socavan la posibilidad de alcanzar una auténtica unidad y comprensión.

A mi juicio, se advierte una cobardía se manifiesta en la renuncia a expresar opiniones divergentes, el miedo a ser señalado o cancelado por ir en contra de la corriente dominante, y la falta de valentía para defender los valores y principios que uno considera importantes. La presión social y el temor a las consecuencias negativas, como la exclusión o el desprestigio, pueden llevar a una renuncia silenciosa a las propias convicciones, contribuyendo así a la perpetuación de una única narrativa y a la erosión de la diversidad de pensamiento.

Mientras tanto, a medida que el Occidente continúa por este camino de división autoimpuesta, surge la pregunta: ¿tiene siquiera el Occidente alguna posibilidad frente a los desafíos y la competencia global? De vez en cuando, vemos las consecuencias de esta retórica divisiva, recordándonos el precio que se debe pagar. La búsqueda de cuotas de diversidad, por ejemplo, ha llevado al despido de personas con experiencia únicamente por su raza, causando dolor y resentimiento.

En vista de estos acontecimientos, emergen dos opciones. Una es una reacción violenta que defendería la historia y el patrimonio occidental de manera excluyente, alimentando así más conflictos y divisiones. La otra opción es el rechazo total del juego. Esta respuesta cuestionaría la premisa de que la diversidad y la representación deben impregnar cada aspecto de la sociedad y se preguntaría si una representación precisa es realmente necesaria o beneficiosa en todos los ámbitos.

El Occidente debe encontrar un punto intermedio, reconociendo la importancia de las identidades grupales heredadas sin permitir que estas definan exclusivamente a individuos y comunidades. Una visión de la sociedad que sea a la vez sólida y flexible, reconociendo puntos en común y fomentando la comprensión, es crucial para un futuro armonioso. Thomas Chatterton Williams propone esa visión, una que va más allá de la inflexibilidad y la falta de generosidad que prevalecen en el discurso actual sobre la raza.[5]

Es esencial reconocer que la lucha del mundo occidental por su identidad y la división cultural no es un fenómeno nuevo. La historia ha dejado en claro que las sociedades prosperan cuando abrazan su herencia mientras buscan el progreso y la inclusividad. El Occidente debe aprender de sus logros pasados y enfrentar con confianza, apertura y un compromiso con la unidad los desafíos que se le presentan. Solo así podrá navegar por las complejidades de un mundo en constante cambio y construir un futuro que valore la diversidad sin sacrificar los fundamentos que han convertido al Occidente en un faro de conocimiento, comprensión y riqueza cultural.

A continuación, humildemente propongo 10 medidas que pueden ayudar a fomentar la identidad y la unión en Occidente, respetando la multiculturalidad existente:

  1. Promover la educación multicultural: Establecer programas educativos que promuevan la comprensión y el respeto hacia diversas culturas y tradiciones, destacando la importancia de la diversidad en la construcción de la identidad occidental.
  1. Fomentar el diálogo intercultural: Organizar espacios de diálogo y encuentro donde personas de diferentes orígenes culturales puedan compartir sus experiencias, ideas y perspectivas, promoviendo así la comprensión mutua y la construcción de lazos comunes.
  1. Apoyar iniciativas comunitarias inclusivas: Brindar apoyo y recursos a organizaciones comunitarias que promuevan la integración y la participación activa de todas las personas, independientemente de su origen cultural, en la vida social, política y económica.
  1. Celebrar festividades culturales: Organizar eventos y festivales que celebren la diversidad cultural presente en Occidente, dando visibilidad y valorando las tradiciones y expresiones artísticas de diferentes comunidades.
  1. Fomentar el intercambio cultural: Establecer programas de intercambio estudiantil, artístico y profesional entre diferentes países y comunidades dentro de Occidente, permitiendo el intercambio de ideas, experiencias y perspectivas.
  1. Promover la igualdad de oportunidades: Garantizar la igualdad de oportunidades para todas las personas, independientemente de su origen cultural, mediante políticas y programas que fomenten la inclusión social, la igualdad de derechos y el acceso equitativo a la educación, el empleo y los servicios públicos.
  1. Apoyar el emprendimiento multicultural: Brindar recursos y apoyo a emprendedores y empresarios provenientes de diversas culturas, promoviendo así la diversidad en el ámbito empresarial y económico, y reconociendo las contribuciones de todas las comunidades.
  1. Promover el arte y la cultura diversa: Apoyar y difundir el arte y la cultura provenientes de diferentes tradiciones y orígenes culturales, fomentando así la apreciación de la diversidad y el enriquecimiento cultural en Occidente.
  1. Fortalecer los lazos internacionales: Fomentar la cooperación y el intercambio cultural entre países occidentales y otras regiones del mundo, promoviendo el entendimiento mutuo y la colaboración en temas de interés común.
  1. Crear espacios de reflexión y debate: Establecer plataformas y espacios de discusión abiertos y respetuosos donde se pueda debatir y reflexionar sobre la identidad y los desafíos culturales en Occidente, buscando siempre el diálogo constructivo y la búsqueda de soluciones inclusivas y equitativas.

[1] Pan, B.: (2021) <<Nuevo plan de estudios de California promueve cantos a dioses aztecas relacionados con sacrificio humano>> The Epoch Times en español. https://es.theepochtimes.com/nuevo-plan-de-estudios-de-california-promueve-cantos-a-dioses-aztecas-relacionados-con-sacrificio-humano_807739.html

[2] Los nombres de las ciudades en California reflejan la historia multicultural de la región. Por ejemplo, Sacramento toma su nombre del río Sacramento, explorado por los españoles en el siglo XIX. San Francisco se debe a la misión franciscana de San Francisco de Asís, fundada en 1776. Los Angeles fue fundada en 1781 por los españoles. San Diego lleva el nombre del santo patrón español, San Diego de Alcalá de Henares, y San José toma su nombre del santo patrón italiano, San José. Estos nombres fueron dados durante la colonización española en el siglo XVIII.

[3] Ibram X. Kendi, nacido en Nueva York en 1982, se ha destacado como una de las principales voces antirracistas en Estados Unidos. Es reconocido como autor más vendido según The New York Times y ha sido galardonado con el National Book Award. Kendi es doctor en Estudios Afroamericanos y desempeña importantes roles como director fundador del Centro de Investigación y Política Antirracista en la American University en Washington, D.C., así como del Centro de Investigaciones Antirracistas en la Universidad de Boston. Además, es profesor de historia y relaciones internacionales y colabora con medios como The Atlantic y CBS News.

[4] Robin DiAngelo, nació en San José, California, en 1996. Es doctora en educación multicultural y profesora adjunta en la Universidad de Washington. Ha dedicado veinte años a organizar talleres que abordan el racismo presente en empresas, el sistema político y la cultura. Su artículo «White Fragility» ha tenido un impacto significativo en el diálogo nacional sobre la raza. Además de este libro, la autora ha escrito otros dos títulos: «What Does it Mean to be White?: Developing White Racial Literacy» (¿Qué significa ser blanco? Desarrollando una alfabetización racial blanca) en 2012 y «Is Everyone Really Equal?: An introduction to Key Concepts in Social Justice Education» (¿Es realmente todo el mundo igual? Una introducción a conceptos clave en la educación sobre justicia social) en 2017.

[5]Charleston Williams, T.: (2019) <<Self-Portrait in Black and White: Unlearning Race>> W. W. Norton & Company; First Edition (October 15, 2019)

  1 comentario para “La lucha del Occidente por su identidad y la división cultural

  1. Avatar de Manuel
    Manuel
    13 junio, 2023 en 9:13 am

    El problema de Occidente es que abre muy fácil las puertas a los de fuera y se la deja medio cerrada a los de dentro. Siempre el mismo problema, tiene más ayudas quién menos invierte en el país, y al que invierte lo masacran para contentar a los vagos y a los inmigrantes que no se adaptan

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