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Tachar a Puente | la gestión política del rechazo

5–8 minutos

·

6 noviembre, 2026

·

Editorial, Política, Psicología, Sociología
Papeletas de distintas candidaturas en las elecciones catalanas del 12 de mayo de 2024; imagen de archivo.

Michael A. Galascio, PhD, MA

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Editorial · Política · Psicología · Sociología

Papeletas de distintas candidaturas en las elecciones catalanas del 12 de mayo de 2024; imagen de archivo.
Imagen de archivo: papeletas de las elecciones catalanas del 12 de mayo de 2024. Fotografía: Danielmoreno4774, Wikimedia Commons. CC0 1.0, dominio público.

El análisis político pierde precisión cuando explica una campaña únicamente mediante encuestas, pactos y programas. También necesita examinar qué conflicto interior intenta resolver cada mensaje. Una organización puede buscar que sus votantes toleren una decepción, distribuyan la responsabilidad de determinada manera o encuentren una justificación para mantener su apoyo. Comprender esa dimensión ayuda a explicar decisiones que, observadas desde fuera, parecen contradictorias.

Esta cuestión puede pasar inadvertida para el ciudadano que recibe el mensaje y para el especialista que concentra su atención en sus consecuencias parlamentarias. Saber contar escaños no permite, por sí mismo, comprender por qué alguien conserva una lealtad después de sentirse defraudado. Para eso hay que estudiar la relación entre pertenencia, juicio moral y conducta.

Geoffrey L. Cohen aportó un hallazgo relevante en cuatro estudios publicados en 2003: la posición atribuida al propio partido podía influir decisivamente en la valoración de una propuesta, mientras los participantes negaban esa influencia sobre su juicio y la reconocían con mayor facilidad en los demás. Aquellos resultados proceden de condiciones experimentales concretas; su interés aquí consiste en recordar que la sensación de independencia puede convivir con una considerable influencia del grupo. [1]

El caso de las papeletas del PSOE en Valladolid permite examinar esta dimensión. Según las informaciones del 5 de noviembre, el partido pidió suprimir el nombre de Óscar Puente después de su renuncia. La petición fue rechazada porque la candidatura ya había sido proclamada. La Junta Electoral Provincial estableció, además, que las papeletas con su nombre tachado serían válidas. [2]

Fuentes socialistas describieron esa posibilidad como un mal menor y anunciaron explicaciones a los electores para evitar perjuicios a la candidatura. [3] La lectura que sigue es una hipótesis sobre el aprovechamiento comunicativo de esa situación. Acreditar un diseño psicológico deliberado exigiría conocer instrucciones o mensajes que lo demostraran.

Desde esa hipótesis, tachar a Puente ofrece al votante una forma de expresar rechazo hacia él mientras conserva su voto al PSOE. Quien sienta enfado o vergüenza, pero mantenga su identificación con el partido, encontraría una salida compatible con ambas posiciones. Podría reprobar al candidato y preservar su pertenencia política mediante una misma acción.

El interés estratégico está en reducir el coste psicológico de continuar apoyando a la organización. Un elector puede haber defendido durante años unas siglas, discutido por ellas y vinculado su voto con determinados valores. Revisar ese apoyo puede obligarlo a revisar también sus argumentos anteriores. Para algunos, la dificultad aumenta cuando familiares, amistades o compañeros comparten esa identificación.

Un estratega que advierta esa tensión podría intentar facilitar una distinción entre el dirigente cuestionado y el proyecto al que pertenece. La tachadura proporciona una expresión material a esa separación. El votante puede interpretar que ha establecido un límite pues su continuidad electoral deja de significar, ante sí mismo, una aprobación de todos los integrantes de la candidatura.

Desde la perspectiva del partido, el resultado deseable sería contener la pérdida de apoyos. El descontento encontraría una expresión que mantiene intacta su utilidad electoral. La organización podría aceptar un gesto adverso hacia uno de sus nombres porque el voto seguiría computándose a favor de la lista.

La discrepancia entre la intensidad subjetiva del castigo y su efecto electoral es el centro de esta lectura. El elector puede experimentar una censura contundente. El escrutinio registra un voto válido para la candidatura. Esa diferencia merece atención antes de celebrar el gesto como una muestra suficiente de rendición de cuentas.

Por otro lado, existe una segunda posibilidad que es concentrar la responsabilidad política en una persona. Un nombre visible permite delimitar el objeto del enfado. Queda por determinar si esa delimitación se corresponde con las decisiones realmente adoptadas. La responsabilidad exige examinar competencias, advertencias, actuaciones y omisiones. En teoría, un trazo sobre una papeleta no realiza ese trabajo.

Si la personalización cerrara prematuramente ese examen, el partido obtendría una ventaja adicional ya que el rechazo a Puente serviría para reducir la presión sobre otras responsabilidades que pudieran acreditarse. Hablar de un chivo expiatorio requeriría demostrar que se le atribuyen culpas ajenas o que su salida encubre responsabilidades compartidas. El término tiene un significado preciso y conviene conservarlo.

La comunicación puede, además, otorgar al elector una sensación de intervención. Ante una lista cerrada, tachar un nombre ofrece una acción concreta. Si el partido incorpora esa acción a su mensaje, podría presentar al votante como participante en una corrección. La organización conservaría el apoyo de alguien que se siente capaz de censurarla.

Dos episodios históricos ayudan a comprender cómo se puede administrar la decepción sin exigir al seguidor que abandone inmediatamente su lealtad.

El 4 de marzo de 1987, Ronald Reagan se dirigió al país sobre el escándalo Irán-Contra. Asumió la responsabilidad por su Administración y reconoció que los hechos contradecían su anterior negativa a haber intercambiado armas por rehenes. En el mismo discurso apeló a sus buenas intenciones, explicó su preocupación por los secuestrados y anunció cambios de personal y procedimientos. [4]

La estructura permitía reconocer una conducta equivocada y conservar una interpretación favorable del carácter del presidente. Un seguidor podía admitir el fracaso y seguir considerando a Reagan una persona bienintencionada.

La enseñanza psicológica es incómoda, una admisión de responsabilidad puede contribuir a conservar apoyo. Ofrece al simpatizante un argumento para continuar, el dirigente ha reconocido el problema y está corrigiéndolo. Esa función comunicativa puede coexistir con reformas reales. El análisis del discurso permite identificar la oportunidad persuasiva; demostrar su efecto sobre el público requiere otras pruebas.

El 25 de octubre de 2022, en su primer discurso como primer ministro, Rishi Sunak reconoció errores de Liz Truss, defendió la intención de promover el crecimiento y se presentó como encargado de corregirlos. También sostuvo que el mandato conservador obtenido en 2019 pertenecía al partido y excedía a cualquier individuo. [5]

La distinción era políticamente útil porque se podía repudiar una gestión y seguir considerando legítima la continuidad de la organización que la había producido. El relevo ofrecía a los conservadores una oportunidad de reconstruir su relación con los ciudadanos.

La lectura estratégica es que un partido puede presentarse como corrector de un fracaso ocurrido bajo su propio gobierno. Para el simpatizante, aceptar al sustituto puede resultar menos costoso que revisar su apoyo al conjunto. Esa posibilidad no demuestra que el público acepte el mensaje ni que el relevo resuelva los problemas. Explica qué ventaja comunicativa puede buscarse al separar al dirigente saliente de la continuidad partidaria.

En Valladolid, el recurso potencial es particularmente concreto, permitir que una censura personal acompañe a un voto favorable al partido. Su atractivo estratégico estaría en hacer compatibles el enfado y la continuidad. La cuestión relevante es cuánto rechazo podría expresarse de ese modo sin convertirse en pérdida de apoyo electoral.

También existe un riesgo para el PSOE. Dar protagonismo a la tachadura puede reforzar la asociación entre su papeleta y la crisis que pretende superar. No obstante, considero que en este caso es mínimo.

La exigencia democrática sigue siendo concreta, establecer qué responsabilidades corresponden a cada actor y qué cambios permiten evaluarlas. Si el debate acaba en la satisfacción de tachar un nombre, la organización habrá encontrado una salida comunicativa más sencilla que la explicación de sus decisiones.

Bibliografía:

1. Geoffrey L. Cohen, “Party Over Policy: The Dominating Impact of Group Influence on Political Beliefs”, Journal of Personality and Social Psychology, 85(5), 2003, pp. 808–822. https://ed.stanford.edu/sites/default/files/party_over_policy.pdf

2. Europa Press, 5 de noviembre de 2026. https://www.europapress.es/nacional/noticia-puente-seguira-frente-papeleta-psoe-valladolid-29n-tacharlo-no-sera-voto-nulo-20261105170254.html

3. EFE, publicado en elDiario.es, 5 de noviembre de 2026. https://www.eldiario.es/castilla-y-leon/politica/junta-electoral-rechaza-borrar-oscar-puente-papeletas-psoe-valladolid_1_13641444.html

4. Ronald Reagan Presidential Library, discurso del 4 de marzo de 1987. https://www.reaganlibrary.gov/archives/speech/address-nation-iran-arms-and-contra-aid-controversy-0

5. Gobierno del Reino Unido, primer discurso de Rishi Sunak como primer ministro, 25 de octubre de 2022. https://www.gov.uk/government/speeches/prime-minister-rishi-sunaks-statement-25-october-2022

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