Medios de comunicación y políticos: Encubrimiento y desconfianza

Recientemente, leí en la página de sucesos de El Mundo un artículo de Luis F. Durán titulado “Detenido en Vallecas por agredir a golpes y con un machete a un joven por negarse a hacer el saludo de la banda de los Ñetas”. No es sorprendente que este medio de comunicación tradicional utilice técnicas de encuadre lingüístico que buscan encubrir hechos evidentes. Por ejemplo, la frase “Sufrió varias heridas incisocontusas” realmente significa “Sufrió varias puñaladas y contusiones”. Esto plantea la pregunta: ¿Está este periodista informando a la población o está ocultando ciertos aspectos de los hechos? Y si lo hace, ¿por qué motivo? ¿Es una decisión propia o responde a directrices políticas? Claramente, esta descripción no está dirigida a “Pepe, el de la carnicería”, ni a un segmento importante de la sociedad. Como resultado, los ciudadanos han dejado de confiar en estos medios de comunicación tradicionales y se han volcado a las redes sociales.

De manera similar, los partidos políticos, que se supone deben ser canales de expresión del pueblo y sus representantes, pretenden justificar o explicar con excusas fútiles acciones que perjudican a las personas cuyos intereses supuestamente protegen. Esto parece conformar una conspiración en contra de nuestra percepción para evitar que pensemos críticamente. Sin embargo, hay que tener cuidado, ya que esta revolución hacia la prensa alternativa puede ser simplemente la sustitución de un sistema de control social por otro más sofisticado, basado en algoritmos y sistemas de manipulación de datos. Por tanto, el discernimiento y el pensamiento crítico, como resultado de la investigación independiente, deben ser estándares imbricados en nuestra metodología para analizar toda la información con la que nos inundan los medios de comunicación en general.

El 7 de abril de 2024, la Guardia Urbana en Sant Andreu de Palomar, Barcelona, informó a través de Metrópoli sobre un incidente en el que un hombre fue “neutralizado” a tiros por agentes tras atacarles con un cuchillo. Según las fuentes, los agentes se vieron obligados a utilizar sus armas reglamentarias, resultando en el traslado del atacante en estado crítico al Hospital Vall d’Hebron. Inicialmente, los agentes respondieron a un aviso de suicidio y, al intentar acceder al domicilio, fueron atacados violentamente. Los Mossos d’Esquadra se hicieron cargo de la investigación para determinar cómo el hombre, de 42 años y de nacionalidad española, llegó a quedar herido de gravedad, ya sea por autolesión previa o por los disparos de los agentes. Este uso del término “neutralizado” ejemplifica cómo el encuadre lingüístico puede suavizar la percepción de la gravedad del suceso. Esta elección de palabras no es casualidad; es una técnica que puede mantener una apariencia de control y calma mientras oculta la brutalidad del acto, aunque justificado en defensa propia. Esta forma de informar no está destinada a los ciudadanos comunes, sino a un público que acepta sin cuestionar, contribuyendo a la desconfianza en los medios tradicionales y fomentando la búsqueda de información en otras fuentes.

Asimismo, en un artículo de El País, se mencionaba que un funcionario público “fue cesado de sus funciones por presuntas irregularidades”. Sin embargo, al profundizar en el caso, se descubrió que estas “presuntas irregularidades” eran en realidad pruebas contundentes de corrupción. El uso de términos vagos y suavizados parece ser una estrategia para minimizar el impacto del hecho y proteger a ciertos individuos o intereses. ¿Estamos realmente siendo informados o se nos está presentando una versión diluida de la verdad? Este tipo de prácticas periodísticas no está dirigido a la audiencia crítica, como el profesor universitario, sino a aquellos que no profundizan más allá de los titulares. Esta manipulación de la información ha llevado a una creciente desconfianza en los medios tradicionales y a un cambio hacia plataformas alternativas en busca de transparencia.

Además, se han observado términos similares en otros artículos de prensa que también utilizan técnicas de encuadre lingüístico para suavizar la percepción de la gravedad de ciertos hechos. Por ejemplo, en lugar de referirse a “brutales golpizas”, algunos medios optan por “incidentes violentos”. De igual modo, el uso de frases como “falleció tras un enfrentamiento” en lugar de “fue asesinado” y “acción policial contundente” en vez de “represión violenta” son comunes. Estas estrategias lingüísticas no solo ocultan la realidad de los sucesos, sino que también moldean la percepción pública para minimizar el conflicto y mantener una apariencia de control y normalidad. Esta tendencia refuerza la desconfianza hacia los medios tradicionales, llevando a la ciudadanía a buscar fuentes alternativas de información.

En síntesis, la relación entre los medios de comunicación tradicionales y los partidos políticos con la sociedad se encuentra en un punto crítico. La pérdida de confianza en las fuentes convencionales ha llevado a una migración masiva hacia las plataformas digitales, donde la información se comparte de manera más rápida y aparentemente sin filtros. Sin embargo, este cambio no está exento de riesgos. Las redes sociales y las plataformas alternativas pueden ser igualmente manipulativas, utilizando algoritmos y sistemas diseñados para captar nuestra atención y dirigir nuestra percepción. Por eso, es fundamental que los ciudadanos desarrollen habilidades de pensamiento crítico y se esfuercen por realizar investigaciones independientes. Solo así podremos discernir la verdad en un entorno donde la información es abundante pero no siempre precisa. La responsabilidad recae en cada uno de nosotros para analizar y cuestionar la información que consumimos, asegurándonos de que nuestras opiniones estén basadas en hechos y no en narrativas sesgadas.

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