Los mayores desafíos que enfrentan los gobiernos y sus responsables públicos no son de naturaleza intelectual. Aunque existen individuos en puestos clave que demuestran una incapacidad manifiesta para ejecutar los presupuestos y llevar a cabo los trabajos que se esperan de los ministerios, la problemática social está a la vista de todos, y lo que realmente falta es voluntad política. No es necesario recurrir a laboratorios de ideas, think tanks o fundaciones, que a menudo sirven como pretextos para consumir recursos públicos a cambio de soluciones estériles que no conducen a nada. Un problema de fácil solución se convierte en objeto de análisis y estudio por parte de una suerte de consultores a sueldo, que exprimirán al Estado ofreciendo respuestas a cuentagotas.
Es lamentable que el Estado pierda tanto tiempo, porque cuando finalmente ofrece una respuesta, esta ya no se ajusta a la realidad. En esta línea, los ciudadanos ya no son aquellos paletos dóciles que aceptaban cualquier excusa del Estado. La población ha llegado a un punto en el que desconfía de los políticos e instituciones que les desprecian y tratan con desdén, así como de las promesas vacías de charlatanes de ambos lados del espectro político. Esto me recuerda el diagnóstico social de Michael Ellner: «Solo míranos. Todo está al revés… Los médicos destruyen la salud, los abogados destruyen la justicia, los psiquiatras destruyen las mentes, los científicos destruyen la verdad, los principales medios destruyen la información, las religiones destruyen la espiritualidad y los gobiernos destruyen la libertad». El futuro de la sociedad europea no pinta bien. Sin embargo, la fuerza y resistencia que nos protegen de los ardides, tretas y mentiras del Estado me impulsan a analizar el tema que nos ocupa: <<Mejorar la participación social de los mayores mediante TIC en Ciudades Inteligentes>>.
El concepto de <<Smart City>> o <<Ciudad Inteligente>> surge como una respuesta a los desafíos urbanísticos del siglo XXI, integrando tecnologías de la información y la comunicación (TIC) para gestionar de manera eficiente los recursos y servicios urbanos. Este enfoque promueve la sostenibilidad, la participación ciudadana y la mejora de la calidad de vida. Sin embargo, con el envejecimiento demográfico, surge una nueva dimensión de este desafío: cómo garantizar que los ciudadanos mayores no solo se beneficien de estas innovaciones, sino que también participen activamente en la vida social y política de la ciudad.
El término <<Smart City>> fue popularizado a principios del siglo XXI, impulsado por la necesidad de adaptar las ciudades al crecimiento poblacional y a las demandas ambientales y tecnológicas. Se refiere a un modelo urbano que utiliza las TIC para optimizar la infraestructura, los servicios y los recursos, mejorando la conectividad, la sostenibilidad y la eficiencia operativa. Las ciudades inteligentes se caracterizan por la integración de sistemas digitales en diversas áreas, como el transporte, la energía, la gestión de residuos y la participación ciudadana, con el objetivo de crear entornos urbanos más habitables y resilientes.
Desde una aproximación sociología, la integración de las TIC en la vida de los ciudadanos mayores es crucial para evitar su marginalización digital y social. La urbanización y la modernización acelerada pueden llevar a una <<marginalización estática>> de los mayores, quienes, a diferencia de las generaciones más jóvenes, no siempre están adaptados a las nuevas tecnologías. Esto no solo afecta su capacidad para acceder a servicios esenciales, sino también su participación en actividades comunitarias y sociales.
Las TIC pueden servir como un puente para incluir a los ciudadanos mayores en la vida activa de la ciudad. Sin embargo, es fundamental que estas tecnologías sean accesibles y adaptadas a las necesidades de este grupo demográfico. El <<modelo de déficit>> a menudo trata a la tecnología como un medio para asistir a los ancianos frágiles, pero un enfoque más inclusivo vería las TIC como herramientas para fortalecer a los mayores, fomentando su autonomía y participación activa.
Políticamente, los ciudadanos mayores tienden a tener una mayor participación electoral, pero están subrepresentados en las formas emergentes de democracia participativa, como los presupuestos participativos y las consultas ciudadanas en línea. Esto plantea un desafío para las ciudades inteligentes, que deben encontrar formas de involucrar a este grupo en el proceso de toma de decisiones, asegurando que sus voces y necesidades sean escuchadas y atendidas.
Las diferencias generacionales juegan un papel crucial en la adopción y uso de las TIC. Mientras que la Generación Más Grande y la Generación Silenciosa muestran una mayor reticencia hacia las tecnologías digitales, los Baby Boomers son más receptivos y experimentales con estas herramientas. Esta variabilidad requiere estrategias adaptativas que consideren las características y preferencias de cada cohorte generacional para fomentar una participación efectiva.
En términos urbanísticos, las ciudades inteligentes deben diseñar espacios y servicios que faciliten la inclusión de los ciudadanos mayores. Esto incluye desde la accesibilidad física hasta la disponibilidad de infraestructuras digitales que permitan a los mayores interactuar con su entorno y participar en actividades comunitarias. Los <<Living Labs>> o laboratorios vivos pueden ser una herramienta efectiva para promover la co-creación y la innovación social, involucrando a los mayores en el diseño y la implementación de soluciones urbanas.
La participación activa de los ciudadanos mayores a través de las TIC no solo mejora su calidad de vida, sino que también enriquece el tejido social urbano. Sin embargo, lograr esto en una ciudad inteligente efectiva implica superar varios desafíos tecno-demográficos. Estos incluyen la necesidad de alfabetización digital, el acceso equitativo a las tecnologías, y la adaptación de las infraestructuras y servicios urbanos para ser inclusivos y accesibles a todos los grupos etarios. La verdadera inteligencia de una ciudad radica en su capacidad para integrar a todos sus ciudadanos, aprovechando la tecnología no solo para la eficiencia, sino también para la inclusión social.
En última instancia, para que las ciudades sean verdaderamente inteligentes y efectivas para los residentes mayores, es esencial desarrollar estrategias que combinen las TIC con un enfoque inclusivo y participativo. A pesar del deterioro político actual, es posible vislumbrar un futuro en el que las TIC faciliten la integración y participación activa de los mayores en la vida urbana. A continuación, se presentan diez medidas detalladas para mejorar la participación social de los ciudadanos mayores a través de las TIC, promoviendo así una sociedad más cohesionada y equitativa.
- Programas de alfabetización digital: Establecer programas continuos de formación en TIC específicamente diseñados para ciudadanos mayores, facilitando su acceso y uso de estas tecnologías.
- Accesibilidad tecnológica: Garantizar que todos los dispositivos y plataformas digitales sean accesibles, con interfaces intuitivas y soporte técnico disponible.
- Plataformas participativas: Crear plataformas en línea que permitan a los mayores participar en consultas ciudadanas, presupuestos participativos y foros comunitarios.
- Infraestructuras inclusivas: Diseñar infraestructuras urbanas que integren tecnologías de asistencia y comunicación, asegurando que los mayores puedan moverse y comunicarse fácilmente en la ciudad.
- Living Labs: Establecer laboratorios vivos donde los mayores puedan colaborar en el desarrollo y prueba de nuevas tecnologías y servicios urbanos.
- Comunidades virtuales: Fomentar la creación de comunidades virtuales donde los mayores puedan socializar, compartir experiencias y participar en actividades comunitarias.
- Acceso a Internet de alta velocidad: Asegurar el acceso a Internet de alta velocidad en todas las áreas urbanas, incluyendo viviendas de mayores y centros comunitarios.
- Servicios de apoyo técnico: Proveer servicios de apoyo técnico accesibles y gratuitos para ayudar a los mayores a resolver problemas con el uso de las TIC.
- Políticas inclusivas: Desarrollar políticas públicas que promuevan la inclusión digital y social de los mayores, incentivando la colaboración entre el sector público y privado.
- Evaluación y monitoreo: Implementar mecanismos de evaluación y monitoreo para medir el impacto de las TIC en la participación social de los mayores y ajustar las estrategias según sea necesario.
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