“Todas las decisiones que tomamos tienen una dimensión
moral que nos aleja o nos acerca a Dios”.
Pr. Carlos Martins
La existencia y naturaleza de lo divino han sido pilares esenciales en la teología cristiana desde tiempos ancestrales. Estos conceptos no solo son la base de la fe, sino que también brindan respuestas a las interrogantes más profundas de la condición humana. En esta reflexión, examinaré estos conceptos desde una perspectiva teológica e intelectual, apoyándome en la sabiduría de los antiguos maestros espirituales y en las Escrituras. Mi propósito es ofrecer una visión que ilumine tanto a los creyentes como a los buscadores de la verdad, fusionando el intelecto con la espiritualidad para arrojar luz sobre estas cuestiones fundamentales que han perdurado a lo largo de los siglos.
La existencia de Dios ha sido un tema debatido por teólogos y filósofos durante siglos. Los Padres del Desierto, como San Antonio Abad, enfatizaban la experiencia directa de Dios a través de la oración y el ascetismo. Para ellos, la existencia de Dios era una realidad vivida y experimentada en la soledad del desierto, donde la presencia divina se manifestaba de manera palpable y transformadora. La Biblia refuerza esta idea en Santiago 4:8: “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros”.
San Agustín, en sus “Confesiones”, presenta una búsqueda personal y filosófica de Dios, argumentando que la existencia de Dios se revela a través de la introspección y la razón. Agustín sostiene que el deseo de encontrar a Dios está inscrito en el corazón humano, y que solo en Dios se encuentra la verdadera paz y satisfacción. Este enfoque resuena con la famosa declaración de Agustín: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”. Este concepto encuentra respaldo en Salmos 42:1: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía”.
San Benito de Nursia, Patrono de Europa, a través de su “Regla”, promueve una vida de oración, trabajo y comunidad como medio para experimentar a Dios. Para San Benito, la existencia de Dios es evidente en la ordenada vida monástica y en la belleza de la creación, reflejando el orden y la armonía divinos. Este enfoque práctico y comunitario ofrece una visión tangible de la presencia divina en la vida cotidiana, en consonancia con Romanos 1:20: “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa”.
Definir la naturaleza de Dios es un desafío que la teología cristiana ha abordado con reverencia y profundidad. San Agustín, en su obra “De Trinitate”, explora el misterio de la Trinidad, describiendo a Dios como una unidad de tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Agustín argumenta que la comprensión de la Trinidad es esencial para captar la naturaleza de Dios, quien es simultáneamente uno y trino, un misterio que desafía la lógica humana pero que es fundamental para la fe cristiana. Este concepto está presente en Mateo 28:19: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.
Los Padres del Desierto también ofrecieron reflexiones profundas sobre la naturaleza de Dios. Evagrio Póntico, por ejemplo, enseñaba que Dios es conocimiento puro y amor absoluto, y que acercarse a Dios implica purificar el corazón y la mente a través de la oración continua y la meditación. Esta perspectiva subraya la trascendencia e inmanencia de Dios, quien es a la vez inaccesible y profundamente cercano. Esta idea está en línea con Jeremías 29:13: “Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón”.
San Benito de Nursia, a través de su énfasis en la obediencia y la humildad, describe a Dios como un ser justo y misericordioso, que guía a la humanidad a través de su providencia. La regla benedictina destaca la presencia de Dios en la comunidad y en el servicio mutuo, reflejando una comprensión de Dios que es a la vez personal y comunitaria. Esta visión se refleja en Miqueas 6:8: “Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios”.
Argumentos Filosóficos
Desde una perspectiva filosófica, Dios como “Ser Ser” es una definición que subraya a Dios no solo como un ente que existe, sino como la esencia misma de la existencia. Este concepto de “Ser Ser” nos invita a reflexionar sobre la base ontológica de la moralidad y la empatía, sugiriendo que estos valores no son meras construcciones sociales, sino que están arraigados en la misma naturaleza del ser.
Los argumentos en contra de la existencia de Dios han sido un desafío constante para los creyentes. El problema del mal, planteado por filósofos como Epicuro y más tarde por David Hume, cuestiona cómo un Dios omnipotente y benevolente puede permitir el mal y el sufrimiento en el mundo. Esta cuestión ha llevado a muchos a dudar de la existencia de un Dios justo y amoroso.
San Agustín abordó este problema en su obra “La Ciudad de Dios”, argumentando que el mal es una privación del bien y que Dios permite el mal para sacar un bien mayor. Según Agustín, el libre albedrío es esencial para la existencia del bien verdadero, y el sufrimiento puede tener un propósito redentor. Esta visión ofrece una reconciliación teológica que permite a los creyentes mantener su fe a pesar de las dificultades. La Biblia también aborda este tema en Romanos 8:28: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”.
Para los Padres del Desierto, el mal y el sufrimiento eran pruebas que fortalecían la fe y purificaban el alma. San Antonio Abad, por ejemplo, veía las tentaciones y dificultades como oportunidades para crecer espiritualmente y acercarse más a Dios. Esta perspectiva ascética ofrece una comprensión profunda de cómo el sufrimiento puede tener un propósito divino, reflejado en Santiago 1:2-3: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia”.
A pesar de estas explicaciones, siempre habrá algún ateo que argumentará: ¿Por qué existe el sufrimiento en el mundo? ¿Por qué hay crueldad? Hay un dicho conmovedor que nos obliga a reflexionar: “Una vez quise preguntarle a Dios por qué permite el hambre, la guerra y la pobreza, pero luego temí que Él me hiciera la misma pregunta a mí”. Esta reflexión, profunda y provocativa, nos invita a considerar nuestra propia responsabilidad en los males del mundo. Es evidente que gran parte del mal de la Humanidad es producto de la voluntad humana, pues existe el libre albedrío. La capacidad de elección nos confiere la libertad de actuar, pero también la responsabilidad de nuestras acciones y sus consecuencias. Esta dualidad nos enfrenta a un dilema moral: mientras cuestionamos la existencia del mal, también debemos examinar nuestras propias contribuciones a él. Eclesiastés 7:29 lo expresa claramente: “He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones”. En conversaciones con amistades bien versadas en las Escrituras, siempre argumento que todas las decisiones que tomamos tienen una dimensión moral que nos acerca o nos aleja de Dios. Ellos coinciden en que, para ser salvado, no solo es necesaria la fe, sino también la obediencia.
Fortaleciendo la Fe
Con todo y los desafíos planteados por los argumentos en contra de la existencia de Dios, existen numerosos aspectos positivos que refuerzan la fe cristiana. La experiencia personal de la fe y los testimonios de transformación espiritual son poderosos alegatos de la realidad divina. Además, la coherencia interna de la teología cristiana y su capacidad para proporcionar respuestas satisfactorias a las preguntas existenciales refuerzan la credibilidad de la fe.
Un contraargumento central es el argumento moral de la existencia de Dios, como articulado por San Agustín en su «Tratado sobre la Libertad de la Voluntad». Este argumento sostiene que la existencia de una moralidad objetiva y universal sugiere la existencia de un legislador moral supremo. Este punto de vista ofrece una base sólida para la fe en Dios, ya que, sin una moralidad objetiva, las normas y valores humanos carecerían de fundamento absoluto. Este argumento encuentra respaldo en Romanos 2:15: “Mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos”.
Diez Medidas para Comprender la Existencia de Dios
Para ayudar tanto a los creyentes como a la ciudadanía en general a tener una idea clara y comprensible sobre la existencia de Dios, presentamos diez medidas clave:
- Educación teológica: Promover la educación teológica en iglesias y comunidades para una comprensión profunda de los fundamentos de la fe. Proverbios 2:6: «Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia”.
- Diálogo interreligioso: Fomentar el diálogo entre diferentes tradiciones religiosas para enriquecer la comprensión mutua. Malaquías 2:10: “¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios?”.
- Estudios bíblicos: Organizar estudios bíblicos que aborden las preguntas difíciles y los textos complejos. 2 Timoteo 3:16: «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia».
- Apoyo comunitario: Crear redes de apoyo para aquellos que experimentan crisis de fe. Gálatas 6:2: «Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo».
- Lectura de clásicos teológicos: Incentivar la lectura de obras teológicas clásicas y contemporáneas. Salmos 119:105: «Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino».
- Conferencias y seminarios: Organizar eventos académicos que aborden los temas de la existencia y naturaleza de Dios. Colosenses 3:16: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría”.
- Investigación filosófica: Apoyar la investigación en filosofía de la religión. 1 Pedro 3:15: “Sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros”.
- Testimonios personales: Compartir testimonios de experiencias personales de fe. Apocalipsis 12:11: “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos”.
- Recursos en Línea: Desarrollar plataformas en línea que ofrezcan recursos educativos sobre la teología cristiana. Daniel 12:4: “Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin; muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará”.
- Reflexión Personal: Fomentar la reflexión personal y la oración como medios para profundizar la relación con Dios. Salmos 46:10: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios”.
La exploración de la existencia y naturaleza de Dios no solo enriquece la fe individual, sino que también fortalece la cohesión comunitaria y la comprensión mutua en una sociedad diversa y pluralista. Esta búsqueda se sustenta en dos aspectos fundamentales: el intelectual y el de la fe. San Agustín afirmaba que, “La fe es creer lo que no ves; la recompensa de esta fe es ver lo que crees”. Con esta afirmación, San Agustín destaca la relación intrínseca entre la fe y la visión espiritual, subrayando la importancia de confiar en lo invisible para experimentar la realidad de la verdad divina. Este enfoque dual permite a los creyentes no solo entender a Dios a través de la razón y el estudio, sino también experimentar su presencia mediante la fe profunda y sincera.
Las primeras diez palabras de la Biblia en el libro del Génesis: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”, revelan aspectos profundos sobre la naturaleza de Dios. Dios crea el tiempo (“en el principio”), el espacio (“los cielos”) y la materia (“la tierra”). Esto implica que Dios trasciende el tiempo, el espacio y la materia, situándose fuera de estas dimensiones. La palabra “sobrenatural” significa estar más allá o fuera de la naturaleza, subrayando que Dios opera en una realidad superior y trascendental. Esta comprensión nos invita a contemplar a un Dios que no está limitado por las leyes y confines del universo físico, sino que existe y actúa en una esfera completamente distinta y omnipotente.
Particularmente, considero que la existencia de Dios se fundamenta en dos argumentos centrales: el cosmológico y el moral. El argumento cosmológico sostiene que todo lo que comienza a existir tiene una causa, y dado que el universo tuvo un inicio, debe tener una causa trascendente y poderosa, lo cual sugiere la existencia de un Creador divino. Por otro lado, el argumento moral afirma que existen valores morales objetivos que trascienden el raciocinio humano; dichos valores necesitan una base sólida y universal que solo puede encontrarse en un ser moralmente perfecto, es decir, Dios. Estos pilares, a mi juicio, ofrecen una base racional para creer en una entidad divina que es tanto la causa primera del universo como la fuente última de la moralidad objetiva.
Referencias Bibliográficas
Agustín de Hipona. (397-400). “Confesiones”.
Agustín de Hipona. (399-419). “De Trinitate”.
Agustín de Hipona. (426-427). “La Ciudad de Dios”.
Agustín de Hipona. (395). “Tratado sobre la Libertad de la Voluntad”.
Benito de Nursia. (530). “Regla”.
Evagrio Póntico. (345-399). “Tratados Espirituales”.
Hume, D. (1779). “Dialogues Concerning Natural Religion”.
Ward, B. (1984). “The Sayings of the Desert Fathers: The Alphabetical Collection”.
La Biblia. (Reina-Valera 1960).
