El progresismo es un concepto multidimensional que ha sido objeto de estudio en diversas disciplinas académicas, incluyendo la psicología, la sociología y la política entre otras. Su origen se remonta al siglo XIX, y ha evolucionado a lo largo del tiempo, influyendo en una variedad de aspectos de la vida moderna. En este ensayo, se examinará el origen y el significado del progresismo desde perspectivas psicológicas, sociológicas y políticas entre otras, así como su reflejo en la literatura, el cine y los movimientos actuales.
Origen del Progresismo
El progresismo, como corriente de pensamiento, encuentra sus raíces en el tumultuoso escenario de la Revolución Industrial y el consecuente advenimiento de la sociedad moderna. A lo largo del siglo XIX, los rápidos avances tecnológicos, cambios económicos de gran magnitud y transformaciones sociales sin precedentes desencadenaron una metamorfosis profunda en la vida de las personas. Este proceso de cambio acelerado suscitó una profunda reevaluación de los valores y las estructuras institucionales arraigadas en la sociedad de la época.
Durante este periodo crítico, destacados pensadores, como Herbert Spencer, dejaron su huella en la conformación del progresismo. En su influyente obra «Principios de Sociología”, publicada en 1876, Spencer postulaba una teoría que sostenía que la sociedad se encaminaba inexorablemente hacia un estado de perfección mediante la adaptación y la supervivencia del más apto. Su enfoque evolutivo no solo influyó en la percepción del progreso continuo, sino que también contribuyó a moldear las creencias y perspectivas del progresismo como una fuerza impulsora de cambio y mejora en una sociedad que se hallaba en constante evolución. Esta concepción del progreso continuo se convirtió en uno de los pilares fundamentales del pensamiento progresista en el siglo XIX y sigue siendo relevante en la comprensión del movimiento progresista en la actualidad.
El Progresismo en la dimensión psicológica
En el ámbito psicológico, el progresismo se revela como un reflejo intrínseco de la necesidad humana de crecimiento, superación y mejora constante. La perspectiva psicológica del progresismo se encuentra estrechamente ligada a la obra de Abraham Maslow y su influyente teoría de la jerarquía de las necesidades.
Maslow postula que, dentro de la estructura de las necesidades humanas, la autorrealización se erige como el pináculo del desarrollo humano. En este contexto, la autorrealización representa un estado en el que una persona alcanza su máximo potencial y se siente plenamente satisfecha consigo misma y su vida. Este estado se caracteriza por la búsqueda constante de significado, el florecimiento personal y la realización de las capacidades individuales.
En este sentido, el progresismo se entrelaza con la profunda aspiración de la autorrealización y la satisfacción de las necesidades superiores en la jerarquía de Maslow. Las personas, en su búsqueda de sentido y propósito, tienden a sentirse realizadas cuando perciben que están avanzando hacia un estado de ser mejor, ya sea a nivel personal, profesional o social. El progresismo, por lo tanto, se alinea intrínsecamente con la noción de progreso, ya que impulsa a las personas a explorar su potencial, establecer metas ambiciosas y perseguir un estado de autorrealización.
En la práctica, esto se traduce en la constante adaptación, aprendizaje y crecimiento que caracteriza a individuos y sociedades que abrazan el progresismo. Buscan no solo su propia superación, sino también la mejora de las condiciones de vida y el bienestar de la comunidad en su conjunto. El progresismo, desde la perspectiva psicológica, se transforma en una brújula orientadora a las personas hacia la búsqueda de un desarrollo pleno y la realización de su potencial más elevado, en armonía con el anhelo inherente de autorrealización que yace en el corazón de la experiencia humana.
El Progresismo bajo el prisma sociológico
En el contexto sociológico, el progresismo emerge como un poderoso motor de cambio social y como una fuerza orientada a mejorar las condiciones de vida de las sociedades. Esta perspectiva sociológica encuentra sus raíces en los trabajos de influyentes pensadores como Émile Durkheim y sus conceptos relacionados con la solidaridad social.
En su obra magistral «La división del trabajo social”, publicada en 1893, Durkheim sostenía que la solidaridad orgánica era esencial para el progreso social. Según Durkheim, en una sociedad moderna y en constante evolución, la solidaridad se basa en la interdependencia de las personas. Esta interdependencia se deriva de la diversificación de roles y tareas en una sociedad compleja, donde cada individuo cumple una función específica que contribuye al funcionamiento conjunto de la comunidad. En este sentido, la solidaridad orgánica impulsa a las personas a colaborar y a reconocer su dependencia mutua, lo que promueve la cohesión social y el progreso.
Este enfoque durkheimiano subraya la idea de que el progreso social no solo se fundamenta en la mera acumulación de recursos o el avance tecnológico, sino en la calidad de las relaciones sociales y la solidaridad entre los miembros de la sociedad. La búsqueda del progreso, por lo tanto, implica la creación de vínculos sociales más fuertes, la promoción de la colaboración y la atención a las necesidades de todos los miembros de la comunidad.
En el contexto contemporáneo, sociólogos como Anthony Giddens, en su influyente obra «Las consecuencias de la modernidad,» publicada en 1990, han profundizado en la influencia de las transformaciones sociales y tecnológicas en la búsqueda del progreso continuo. Giddens analiza cómo la globalización, la revolución tecnológica y los cambios en la estructura familiar han moldeado la forma en que las sociedades persiguen el progreso. Identifica la necesidad de adaptarse y aprovechar estas transformaciones para abordar desafíos contemporáneos y promover un progreso social significativo.
El Progresismo a través del lente cultural
Desde la óptica cultural, el progresismo se manifiesta como el motor que impulsa la evolución de las normas y valores arraigados en una sociedad. Este proceso de cambio cultural ha sido objeto de estudio e interés de destacados antropólogos, entre ellos, la influyente Margaret Mead, cuyo trabajo «Sex and Temperament in Three Primitive Societies» (1935) brinda valiosas perspectivas sobre la dinámica de las culturas.
Mead, a través de su investigación pionera, arrojó luz sobre cómo las culturas experimentan transformaciones significativas con el transcurso del tiempo. Su trabajo demostró que las normas de género y las pautas de comportamiento no son fijas ni universales, sino que evolucionan en respuesta a las condiciones cambiantes de la sociedad. Esta comprensión refuerza la idea fundamental de progreso cultural, donde la sociedad se mueve hacia una mayor adaptabilidad y comprensión de las diversas identidades y perspectivas.
En la actualidad, la cultura progresista se ha asociado estrechamente con la promoción de la igualdad de género, la diversidad, la inclusión y la aceptación de la diversidad cultural. La igualdad de género, por ejemplo, ha sido un área central de enfoque, con movimientos feministas y de igualdad de género que buscan desafiar las estructuras patriarcales y promover la equidad en todos los aspectos de la vida. La aceptación y celebración de la diversidad cultural también se han convertido en componentes fundamentales del progresismo cultural, ya que las sociedades buscan superar prejuicios y divisiones basados en la raza, la etnia y la cultura.
El Progresismo dentro del marco político
Desde el punto de vista político, el progresismo se entiende como un enfoque comprometido con la promoción de políticas que persiguen la justicia social, la equidad y la expansión de los derechos civiles. En este ámbito, prominentes pensadores y teóricos políticos han contribuido a la formulación de conceptos clave que subrayan la importancia de la justicia y la equidad en el progreso de la sociedad.
Uno de los autores más destacados en esta esfera es John Rawls, cuya influyente obra «Una teoría de la justicia,» publicada en 1971, presenta un enfoque de justicia distributiva que se centra en la garantía del progreso de todos los miembros de la sociedad. Rawls plantea la idea de un «velo de ignorancia» que debería guiar la toma de decisiones políticas, donde los responsables de la formulación de políticas deben actuar sin conocimiento de su propia posición en la sociedad. Este enfoque persigue asegurar que las políticas y decisiones beneficien a todos los ciudadanos, independientemente de su situación social o económica.
El progresismo político se manifiesta a través de partidos y movimientos que persiguen el establecimiento de políticas progresistas en aras de alcanzar la justicia social y la igualdad. Un ejemplo destacado de ello, durante un período de tiempo específico, fue el Partido Demócrata en los Estados Unidos. A lo largo de su historia, el partido ha abogado por políticas relacionadas con la accesibilidad a la atención médica, la educación asequible, la igualdad de género y la protección de los derechos civiles. La plataforma política de esta agrupación, al igual que otros movimientos progresistas en todo el mundo, ha reflejado un firme compromiso con la construcción de una sociedad más equitativa y justa.
No obstante, en años recientes, ha surgido un fenómeno en el que grupos minoritarios que tradicionalmente apoyaban al partido han comenzado a distanciarse. Además, se ha observado que descendientes de políticos que llevaron al partido a su cúspide, como es el caso del sobrino del expresidente John F. Kennedy, también se están alejando de la línea ideológica del partido.
El progresismo político representa la búsqueda de moldear políticas y sistemas que fomenten un progreso compartido y aseguren un nivel de vida digno para todos los miembros de la sociedad. Su objetivo fundamental es establecer un equilibrio en la distribución de recursos y oportunidades, evitando que ningún individuo o grupo quede rezagado en la búsqueda de un futuro mejor. En última instancia, el progresismo político se erige como un vehículo destinado a la transformación de la sociedad en pos de una comunidad más justa y equitativa. Es un ideal noble, sin embargo, son las desviaciones internas de los partidos promotores las que distorsionan el propósito de este movimiento.
La Influencia Ppogresista en la literatura y el cine
La literatura y el cine han desempeñado un papel crucial en la exploración y representación de temas progresistas que resuenan universalmente. Un ejemplo destacado de esta influencia se encuentra en la novela “Matar a un ruiseñor” de Harper Lee, publicada en 1960. Esta obra literaria aborda cuestiones profundas relacionadas con el racismo y la búsqueda de justicia en la sociedad estadounidense. A través de la narración de la historia de Scout Finch y su padre Atticus, la novela expone la lucha contra la discriminación racial en el Sur de Estados Unidos durante la década de 1930. Los personajes y eventos en “Matar a un ruiseñor” reflejan las tensiones sociales y morales de la época y desafían las normas y prejuicios arraigados.
En el ámbito cinematográfico, películas de renombre internacional han explorado temas progresistas en profundidad. Un ejemplo paradigmático es la película «Cadena perpetua» («The Shawshank Redemption» en su título original) dirigida por Frank Darabont en 1994. Esta película ofrece una poderosa narración sobre la redención, la amistad y la lucha por la justicia en el contexto de una prisión. La historia sigue la vida de Andy Dufresne, un hombre condenado injustamente, y su amistad con Red, otro recluso. La película aborda cuestiones de abuso de poder, esperanza y la búsqueda de una vida mejor, lo que la convierte en una obra maestra que trasciende las fronteras culturales.
Estas obras literarias y cinematográficas superan las barreras culturales y reflejan la sensibilidad progresista a nivel global. Abordan temas universales, como la lucha contra la injusticia, la discriminación, la opresión y la búsqueda de un mundo más igualitario. A través de la expresión artística, estas obras inspiran a las audiencias de todo el mundo a cuestionar el statu quo y a comprometerse en la lucha por un futuro más justo y equitativo. La literatura y el cine, como medios de comunicación, continúan siendo canales fundamentales para la reflexión y el activismo en pro del progresismo y la justicia social a nivel global.
El Progresismo en los movimientos actuales
En todo el mundo, una amplia variedad de movimientos progresistas lucha por la justicia y la igualdad en una amplia gama de cuestiones. Estos movimientos incluyen el activismo climático, la defensa de los derechos LGBTQ+, la lucha por la justicia económica, el movimiento de derechos de los migrantes, la igualdad de género promovida por el feminismo, el activismo por los derechos de las personas con discapacidad, la justicia laboral, la paz y la no violencia, la igualdad de derechos de minorías étnicas y religiosas, y la promoción de la educación universal. Cada uno de estos movimientos busca abordar problemas específicos y avanzar hacia una sociedad más justa y equitativa.
No obstante, estos movimientos también tienen sus perversiones, como, por ejemplo:
Polarización y División: Estos movimientos también han generado polarización en la sociedad. Algunas personas se sienten amenazadas por los cambios propuestos o perciben que estos movimientos son demasiado radicales. Esto ha llevado a divisiones y conflictos en la sociedad.
Un ejemplo de polarización y división generada por estos movimientos se puede observar en el contexto de la discusión sobre la igualdad de género y la diversidad en el ámbito laboral. En muchas sociedades, las políticas y medidas destinadas a promover la igualdad de género, como las cuotas de género en las empresas, han sido objeto de un debate encendido. Algunas personas perciben estas políticas como una amenaza a la meritocracia y argumentan que son demasiado radicales, ya que podrían llevar a la discriminación inversa. Por otro lado, los defensores de estas políticas argumentan que son necesarias para abordar la brecha de género en los puestos de liderazgo y en los salarios. Esta controversia ha llevado a divisiones entre aquellos que apoyan las políticas de igualdad de género y aquellos que las ven con escepticismo, generando conflictos y debates acalorados en la sociedad.
Extremismo y Violencia: En algunos casos, manifestaciones y protestas relacionadas con estos movimientos han derivado en actos de violencia y destrucción. Esto ha generado preocupaciones sobre la seguridad pública y ha llevado a debates sobre la efectividad de las tácticas utilizadas.
Un ejemplo de extremismo y violencia relacionado con estos movimientos se produjo durante las protestas de Black Lives Matter (BLM) en 2020 en Estados Unidos. Si bien la mayoría de las manifestaciones fueron pacíficas y buscaban denunciar la brutalidad policial y la discriminación racial, algunas de ellas se tornaron violentas. Hubo saqueos, incendios y enfrentamientos con las fuerzas del orden. Estos actos de violencia generaron preocupaciones sobre la seguridad pública y llevaron a debates sobre la efectividad de las tácticas utilizadas en las protestas. Aunque BLM condenó la violencia, estos incidentes resaltaron los desafíos de mantener manifestaciones masivas sin incidentes violentos.
Reacciones negativas: Estos movimientos también han generado reacciones negativas por parte de grupos conservadores que consideran que están socavando valores tradicionales. Estas críticas han llevado a la resistencia a las políticas propuestas y a la polarización política.
Un ejemplo de reacciones negativas se puede encontrar en la resistencia de grupos conservadores a las políticas propuestas por los movimientos progresistas. Por ejemplo, en el contexto de las discusiones sobre la igualdad de género y el matrimonio igualitario, grupos conservadores han argumentado que estas políticas socavan los valores tradicionales de la familia y la religión. En varios países, se han organizado protestas y campañas en contra de estos avances, argumentando que van en contra de la tradición y la moralidad. Estas reacciones han llevado a la polarización política y a la oposición a medidas que buscan la igualdad y la justicia social.
Simplificación de temas complejos: A veces, en medio de debates intensos y polarizados, los problemas complejos relacionados con el género y la raza pueden simplificarse en exceso, lo que puede limitar la comprensión y la capacidad de abordar eficazmente estos problemas.
Un ejemplo de simplificación de temas complejos se encuentra en los debates en torno a la igualdad racial y la discriminación. En ocasiones, en medio de la intensidad de los debates, los problemas de raza se pueden simplificar en exceso. Por ejemplo, en las discusiones sobre la discriminación racial, se pueden pasar por alto las complejidades históricas y sociales que subyacen en el racismo. Algunas personas podrían reducir el debate a términos simples de «racismo sí» o «racismo no», lo que limita la comprensión de las raíces y las implicaciones de la discriminación racial. La simplificación excesiva puede dificultar la búsqueda de soluciones efectivas y la promoción de un diálogo constructivo sobre estos temas.
El Progresismo y la economía
El progresismo también se relaciona con la economía y la lucha por la justicia económica. Desde una perspectiva económica, se busca equilibrar la distribución de la riqueza y promover políticas que favorezcan a los grupos más desfavorecidos. En este contexto, autores como Thomas Piketty, en su libro “El capital en el siglo XXI” (2013), han argumentado que el crecimiento económico no garantiza automáticamente una mayor igualdad, y que es necesaria una intervención activa para lograr un progreso económico equitativo.
El progresismo, en su alcance más amplio, abarca no solo las esferas sociales y políticas, sino también la economía, lo que plantea tanto desafíos como oportunidades en la búsqueda de la justicia económica y social. Desde el enfoque económico, su objetivo es equilibrar la distribución de la riqueza y promover políticas que beneficien a los grupos más desfavorecidos, un propósito loable que conlleva implicaciones diversas.
La implantación de políticas progresistas en el ámbito económico a menudo enfrenta desafíos agravados por la resistencia en ciertos sectores empresariales que muestran reluctancia a adoptar reformas que requieran un cambio significativo en la mentalidad tanto empresarial como gubernamental. No obstante, esta dificultad también puede atribuirse a la falta de un análisis exhaustivo de las políticas públicas que se buscan establecer.
Precisamente debido a estas consideraciones, la viabilidad a largo plazo de políticas progresistas plantea inquietudes que abordan tanto los costes como la sostenibilidad. Por ejemplo, el aumento del gasto social en busca de la equidad económica requiere una planificación financiera minuciosa y puede generar considerables presiones fiscales.
En un mundo globalizado, los desafíos a nivel mundial pueden obstaculizar la efectividad de ciertas políticas económicas, ya que la competencia internacional y la movilidad empresarial añaden complejidad. Desde la óptica psicológica, la búsqueda de equidad económica se arraiga en un profundo anhelo de justicia y en la preocupación por el bienestar de los demás, motivando a las personas a abogar por un sistema más equitativo. Sociológicamente, el progresismo económico se comprende en el contexto de la interdependencia social, donde la igualdad económica se percibe como un componente crucial para la cohesión de la sociedad, ayudando a mitigar tensiones y conflictos originados por disparidades económicas extremas.
El Progresismo en la política internacional
El progresismo trasciende las fronteras nacionales y ejerce una influencia significativa en el escenario internacional. Organizaciones multilaterales, como las Naciones Unidas, han abrazado y promovido activamente objetivos progresistas que incluyen la promoción de la paz, la cooperación global y la erradicación de la pobreza. Un ejemplo revelador de este enfoque progresista a nivel mundial es el Acuerdo de París sobre el cambio climático, adoptado en 2015.
El Acuerdo de París ejemplifica cómo los esfuerzos progresistas pueden ser aplicados a problemas globales apremiantes. Este tratado internacional representa un compromiso colectivo para abordar el cambio climático y sus consecuencias a través de la mitigación de las emisiones de gases de efecto invernadero y la adaptación a los efectos del calentamiento global. Al alinearse con principios progresistas, el Acuerdo de París demuestra que la cooperación global es esencial para abordar desafíos complejos que trascienden las fronteras nacionales. La comunidad internacional reconoce que el cambio climático es un problema que afecta a todos, sin importar la ubicación geográfica, y que la colaboración es fundamental para garantizar un futuro sostenible para las generaciones venideras. El progresismo en la política internacional, encarnado en tratados como el Acuerdo de París, representa un enfoque necesario y esperanzador para abordar los desafíos globales en el siglo XXI.
Desafíos y Críticas al Progresismo
El progresismo, a pesar de su firme compromiso con la justicia y la igualdad, no está exento de críticas y desafíos que merecen nuestra atención crítica y reflexiva. Algunos detractores argumentan que las políticas progresistas, si se implantan sin el debido equilibrio, pueden resultar en un exceso de regulación y una carga fiscal que, si se vuelve insostenible, podría tener consecuencias adversas para la economía y la prosperidad general. Es imperativo que el progresismo mantenga un equilibrio entre la ambición de justicia social y la necesidad de un entorno económico favorable.
Además, las políticas de redistribución de la riqueza, una piedra angular del progresismo, han suscitado debates legítimos sobre su eficacia en la creación de un progreso sostenible. Cuestionamientos sobre cómo estas políticas pueden afectar la inversión, la innovación y la incentivación de la meritocracia son válidos y merecen un examen riguroso.
El progresismo también enfrenta una oposición decidida de grupos conservadores que defienden valores tradicionales y se resisten al cambio social y político. Es esencial reconocer que estos debates, aunque a veces intensos, son fundamentales para la evolución del progresismo. Son el crisol donde se forja un consenso sobre cómo lograr un progreso equitativo y sostenible. Sin embargo, debemos ser conscientes de que, si estos movimientos progresistas no logran superar estos desafíos y críticas de manera efectiva, las consecuencias de su fracaso podrían ser perjudiciales para la búsqueda de una sociedad más justa y equitativa. La responsabilidad de enfrentar estos desafíos y superar estas críticas recae en la capacidad del progresismo para adaptarse, aprender y avanzar en su misión inquebrantable de construir un mundo mejor.
Conclusiones
El progresismo se ha consolidado como un principio fundamental arraigado en la incesante búsqueda de mejora y evolución en la sociedad. Surgido en el contexto de la Revolución Industrial, ha demostrado su capacidad de adaptación a lo largo del tiempo y su influencia abarcando una amplia gama de aspectos de la vida moderna. A través de lentes psicológicos, sociológicos, culturales y políticos, hemos explorado su significado y su profunda influencia en la vida contemporánea. La literatura, el cine y los movimientos sociales actuales ejemplifican cómo la sensibilidad progresista se ha convertido en un faro que guía a la sociedad hacia la igualdad y la justicia social.
No obstante, el progresismo no es inmune a desafíos y críticas. La sociedad sigue inmersa en debates sobre cómo lograr un progreso equitativo y sostenible. En un mundo en constante cambio, el progresismo enfrenta la responsabilidad de evolucionar y adaptarse continuamente. Los desafíos, críticas y obstáculos son inevitables, pero también son oportunidades para el progresismo de demostrar su resiliencia y creatividad en la búsqueda de un mundo más inclusivo y equitativo.
En un futuro caracterizado por cambios vertiginosos y un ser humano en constante proceso de adaptación, el progresismo seguirá desempeñando un papel crucial. La capacidad de este movimiento para aprender de su pasado, abrazar la diversidad de perspectivas y trascender las barreras ideológicas será fundamental. El progresismo funciona como un referente que dirige a la sociedad hacia un futuro de igualdad y justicia. Su adaptación continua es esencial para navegar con éxito en un mundo en constante cambio. La promesa de un mañana más equitativo reside en nuestra habilidad para abrazar y fomentar este espíritu progresista en constante evolución.
Referencias Bibliográficas:
Durkheim, É. 1995 [1893] <<La división del trabajo social>> Madrid: Akal.
Giddens, Anthony, Z, Bauman, N. Luhmann, U. Beck. Josetxo Beriain (comp.) (1996), <<Las consecuencias perversas de la modernidad: modernidad, contingencia y riesgo>> Anthropos, Barcelona.
Lee, H. (1960) <<Matar a un ruiseñor>> Editorial Anagrama.
Maslow, A. H. (1943) <<A theory of human motivation>>. Psychological Review, 50(4), 370–396. https://doi.org/10.1037/h0054346
Mead, M. (1935) <<Sex and Temperament in Three Primitive Societies>>. William Morrow.
Piketty, Thomas (2014) <<El capital en el siglo XXI>>, Bogotá: Fondo de Cultura Económica. ISBN 978-958-38-0226-3.
Rawls, John (1995) <<Teoría de la Justicia>>. Fondo de Cultura Económica. Madrid. España.
Spencer, H. (1876) <<Princípios de Sociología>>. Appleton.

Buenos días, excelente artículo aunque discrepo en las conclusiones, en aras del progresismo se está arrastrando a las sociedades donde se aplica a la desigualdad patente en la nuestra, la perversión de la justicia también y el reparto de la riqueza no se materializa, bueno excepto para los políticos que cada día hacen menos y medran más.
Saludos.
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Agradezco su comentario y su perspectiva sobre el artículo. El progresismo, como movimiento, genera un amplio espectro de opiniones y reacciones en la sociedad, y es esencial recordar que no es un enfoque uniforme ni exento de críticas legítimas. Comprendo su preocupación sobre la desigualdad, la perversión de la justicia y la efectividad del reparto de la riqueza en las sociedades donde se aplica el progresismo, temas de debate continuo en la discusión política y social. La adaptación y mejora de las políticas progresistas son cruciales para abordar las críticas y garantizar que se logren los objetivos de justicia y equidad. Las voces críticas desempeñan un papel importante en este proceso al contribuir a la reflexión y al debate que pueden llevar a soluciones más efectivas.
Es importante señalar que la idea del progresismo en sí no es mala. Sin embargo, en las últimas décadas, ha habido una apropiación de conceptos como este por una “Intelligensia” para enmascarar movimientos de naturaleza marxista internacional que pretenden influir en las instituciones occidentales. Esto ha llevado a una juventud que, en ocasiones, se adhiere a estos movimientos de manera acrítica, sin cuestionar su finalidad real y el impacto que tendrá en su vida.
Le agradezco nuevamente por compartir su opinión y espero que este artículo haya fomentado un espacio propicio para la reflexión y el diálogo, tanto en relación al progresismo como a otros temas relevantes. Reciba un cordial saludo.
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Hay ideas magníficas que en la práctica es patente que han fallado porque todas creo, personalmente, tropiezan con el mismo escollo que es la ambición humana de la que poco se habla en su planteamiento.
La ambición humana desvirtua cualquier buena intención.
Gracias por la exhaustiva explicación.
Saludos.
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Dr. Un tema que me tenía preguntándome constantemente ¿Qué es y qué significa realmente el progresismo? Algo extenso el articulo, pero bien estructurado y complementado, ya que nos afecta a todos, más allá del ámbito social en el #trabajo y esfera #laboral y #productiva, importantísima la conclusión adicional en la respuesta al comentario, de la apropiación del concepto, para, como se dice coloquialmente «llevar agua a su molino» de los movimientos bastardizando y pervirtiendo el concepto. Enhorabuena por la elaboración del artículo
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