A lo largo de mi vida, he navegado por diversas corrientes de pensamiento, al igual que muchas personas en búsqueda de su camino. Desde el Budismo y el ocultismo hasta pertenecer a órdenes e instituciones prominentes, finalmente he encontrado el camino de regreso a casa. No lamento este viaje tumultuoso, ya que fue esencial para mi crecimiento. He experimentado tanto la amplitud como la profundidad de esta búsqueda. Al principio, se asemejaba a caminar horizontalmente por un desierto, pero luego, al encontrar una gota de agua, se convirtió en una búsqueda vertical persiguiendo la fuente de vida que otorga significado y propósito a mi existencia.
Sin temor a ser considerado un paria en nuestra sociedad, debo afirmar que Jesucristo ocupa un lugar central en mi vida. Esta convicción la he alcanzado después de cuatro décadas de haber recibido la «luz» en sigilo. Les habla alguien que ha poseído una biblioteca esotérica con más de 2,500 ejemplares, que incluyen primeras ediciones, libros raros y antiguos. Además, poseo un profundo conocimiento de sistemas y grados relacionados con este ámbito.
Por tanto, les insto a no tomar en serio un mundo de apariencias sobre la substancia. La frivolidad se ha infiltrado en todas las capas de la sociedad porque nadie quiere enfrentar los horrores de una realidad que devora el alma. Los romanos solían decir: «El mundo quiere ser engañado, así que déjalo ser engañado». El futuro yace en nuestras manos, pero encontramos nuestro respaldo en una fuerza superior. En esta sociedad, nada ni nadie puede avanzar sin un poder que actúe en su favor desde algún rincón.
Por esta razón, no es ninguna locura citar Efesios 6:12: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales”.
Dicho esto, me dispongo a reflexionar sobre la cosmología que rige nuestro mundo. La percepción, en este sentido, se erige como un filtro esencial a través del cual interpretamos y moldeamos nuestra realidad circundante. Este proceso nos permite captar, organizar, interpretar y comprender la información sensorial que nos llega desde nuestro entorno. Aunque tengo una teoría personal sobre este tema, su desarrollo requeriría un documento muy extenso. Por lo tanto, en este primer contacto, me limitaré a ofrecer una visión simplificada.
En este contexto, es crucial reconocer que nuestras percepciones pueden ser influenciadas por fuerzas invisibles, como los medios de comunicación, la propaganda política, la publicidad, las redes sociales y la construcción de imágenes públicas. Esto plantea cuestiones fundamentales sobre la naturaleza de nuestra realidad, ya que nuestras percepciones pueden estar sesgadas o distorsionadas por intereses particulares. Como resultado, es esencial cuestionar y analizar críticamente la información que consumimos y considerar que lo que percibimos podría ser una versión manipulada de la verdad.
Un ejemplo histórico notable es el uso de la propaganda durante la Segunda Guerra Mundial, en la cual los gobiernos aliados diseñaron estrategias de propaganda para influir en la percepción pública y mantener alta la moral de sus ciudadanos. Este caso ejemplifica cómo la manipulación de la percepción ha sido una herramienta poderosa en manos de aquellos que buscan influir y controlar a las masas.
La idea de que nuestras percepciones pueden ser moldeadas plantea interrogantes esenciales sobre la esencia misma de la realidad. ¿Qué constituye lo auténtico y qué se convierte en mera ilusión? ¿Cómo podemos discernir si nuestras percepciones reflejan con precisión la verdad o si han sido alteradas por influencias externas?
Esto nos lleva a cuestionar si lo que consideramos como «realidad» es verdaderamente una construcción colectiva impuesta por aquellos que ostentan el poder.
En virtud de esto, debemos realizar un esfuerzo más profundo por explorar la importancia de la creencia en Jesucristo como el camino y la vida en nuestra comprensión del mundo y en la forma en que experimentamos la realidad. Pues la creencia en Jesucristo puede arrojar luz en un mundo donde las fuerzas invisibles buscan manipular y distorsionar nuestras percepciones.
En última instancia, el proceso de despertar es un llamado a la acción y a la transformación. Es un recordatorio de que cada uno de nosotros tiene el poder de influir en el mundo y de contribuir a la creación de un futuro mejor. A medida que más personas se unan a este proceso de despertar, la luz de la verdad brillará más intensamente y la oscuridad de la manipulación y el control se disipará gradualmente. La elección está en nuestras manos, y el camino hacia la libertad y la autenticidad se encuentra ante nosotros.
