En mi búsqueda constante por comprender la esencia de la justicia y su influencia en la sociedad, me aventuro a realizar un análisis conciso desde diversas perspectivas.[1] Mi objetivo principal es explorar la capacidad del ideal de justicia para confrontar la controversia y desvelar el mal que con frecuencia se oculta bajo la apariencia del bien o se presenta de forma sutil.[2]
Desde una perspectiva psicológica, la percepción de la justicia tiende a variar considerablemente entre individuos y grupos. Estas diferencias en la concepción de lo que es justo suelen estar fuertemente influenciadas por sesgos cognitivos y emocionales. Un ejemplo ilustrativo de esto se encuentra en el caso de Aaron Hernandez, un atleta carismático y altamente talentoso, que muchos percibieron como inocente hasta que las pruebas irrefutables demostraron su culpabilidad. Este caso ejemplifica cómo la percepción de la justicia puede nublarse debido a las apariencias y la empatía hacia figuras públicas.[3]–[4]
En la dimensión sociológica, la noción de justicia se encuentra intrincadamente entrelazada con las normas sociales y culturales que una sociedad adopta. Estas sociedades, en su búsqueda por establecer un sistema de valores y creencias coherente, tienden a formular normas que reflejan dichos valores. Sin embargo, es fundamental reconocer que estas normas no son inmutables y pueden ser deliberadamente manipuladas para ocultar el verdadero mal que subyace en su aplicación.[5]
Un ejemplo elocuente de esta manipulación se evidencia cuando las instituciones sociales perpetúan de manera sistemática la discriminación, encubriendo esta injusticia bajo la apariencia de igualdad. La discriminación, ya sea por motivos raciales, de edad o de género, a menudo se presenta de manera sutil, ilustrando de manera vívida cómo el mal puede ocultarse detrás de una fachada de justicia aparente.
En el contexto laboral, la persistente brecha salarial entre hombres y mujeres representa otro ejemplo claro de cómo las normas sociales pueden disfrazar una injusticia latente. A pesar de que muchas empresas proclaman tener políticas de igualdad de género, las diferencias salariales entre sexos persisten. Estas disparidades suelen enmascararse con argumentos como la experiencia laboral o las habilidades, cuando en realidad reflejan prejuicios de género profundamente arraigados en la sociedad. De esta manera, la sociedad, en su afán por proyectar una imagen de equidad, puede inadvertidamente perpetuar la injusticia, subrayando cómo el mal puede disfrazarse de bien o manifestarse con sutileza en el tejido mismo de nuestras normas sociales.
En el ámbito político, donde se ejerce el poder y se toman decisiones cruciales, desempeña un papel fundamental en la definición de lo que se considera justo en una sociedad. Con frecuencia, los intereses políticos pueden distorsionar la percepción pública de la justicia.[6] Un ejemplo paradigmático de esto se observa en las políticas de «tolerancia cero», que pueden enmascarar la represión estatal como una búsqueda de justicia, aunque con frecuencia resultan en injusticias sistémicas y violaciones de los derechos humanos.
La cultura y la moral desempeñan un papel fundamental en la construcción del concepto de justicia. No obstante, lo que una cultura considera como justo puede ser percibido como injusto por otra. Además, las narrativas culturales pueden moldear significativamente nuestra comprensión de la justicia. Un ejemplo en Europa ilustra esta variabilidad cultural en la percepción de la justicia. En algunas sociedades europeas, la venganza se presenta como una forma legítima de buscar justicia, mientras que en otras, prevalece la promoción de la reconciliación y el perdón como vías para restablecer la armonía social. Esta diversidad cultural resalta cómo el concepto de justicia es maleable y susceptible de ser influenciado por las creencias y valores arraigados en una determinada comunidad o región.
El ideal de justicia, en su constante búsqueda, implica una compleja interacción de perspectivas y dimensiones. La psicología, sociología, política y cultura convergen en este proceso, desempeñando roles cruciales en la percepción y consecución de la justicia. Resulta vital reconocer que, en diversos contextos, el mal se camufla astutamente bajo el manto del bien o se presenta de forma sutil.
La vigilancia crítica y un análisis multidisciplinario se erigen como herramientas indispensables para desentrañar estas artimañas, encaminándonos hacia una justicia más equitativa y auténtica en nuestras sociedades. La reflexión constante sobre nuestras percepciones y valores se revela como un pilar fundamental para aproximarnos a un ideal de justicia que sea verdaderamente universal y equitativo en su alcance.[7]
[1] Sandel, M. J. (2009) <<Justice: What’s the Right Thing to Do?>> New York: Farrar, Straus and Giroux.
[2] Rorty, R. (1989) <<Contingency, irony, and solidarity>> Cambridge University Press.
[3] Greene, R. (2007) <<Crime and Punishment: A Novel in Six Parts with Epilogue>> Vintage.
[4] Bauso, M.: (2020) <<La terrible historia de Aaron Hernández: el asesino que jugó un Super Bowl>> https://www.infobae.com/america/deportes/2020/02/02/la-terrible-historia-de-aaron-hernandez-el-asesino-que-jugo-un-super-bowl/
[5] Du Bois, W. E. B. (2008) <<The souls of black folk>> (B. H. Edwards, Ed.). Oxford University Press.
[6]RAWLS, J. (1999) <<A Theory of Justice: Revised Edition>> Harvard University Press. https://doi.org/10.2307/j.ctvkjb25m
[7] Gilardone, M. (2010) <<Review of The idea of justice, by A. K. Sen>> Social Choice and Welfare, 35(4), 709–720. http://www.jstor.org/stable/41410206
