La creación y reconstrucción de memorias en el ámbito político es un tema de gran relevancia en la actualidad. Desde un enfoque psicológico, se ha comprobado que la memoria es un proceso reconstructivo, donde la información disponible en el momento del recuerdo puede influir en la formación de recuerdos distorsionados.[1]–[2] Esto implica que las declaraciones engañosas proporcionadas por los políticos pueden influir en la memoria del público, llevándolos a creer en versiones distorsionadas de eventos pasados.
Por ejemplo, los políticos pueden utilizar información sugestiva o sesgada durante sus discursos para influir en la percepción pública sobre ciertos eventos o políticas. Esto puede conducir a la creación de falsos recuerdos en los ciudadanos, ya que la información engañosa se incorpora a sus recuerdos existentes. Además, la combinación de elementos de verdad y falsedad en las declaraciones políticas puede aumentar la probabilidad de que el público crea en versiones erróneas basadas en las mentiras o exageraciones de los políticos.
Desde una perspectiva sociológica, el fenómeno de la «inflación de fabricación» puede explicar cómo los políticos pueden llegar a creer en sus propias mentiras. Investigaciones de Riesthuis et al. (2022) han demostrado que la creación de información auto-fabricada puede llevar a un aumento en la creencia en eventos falsos, incluso para aquellos que originalmente mintieron.[3] En el contexto político, los cargos con responsabilidad pública pueden repetir sus mentiras tantas veces que comienzan a creer en su propia versión de los eventos, distorsionando sus propios recuerdos para alinearse con sus declaraciones engañosas.
El «efecto de anclaje» también es relevante para comprender cómo los políticos pueden mantener y creer en sus mentiras. Según Polage (2012), la versión inicial de una mentira es la más influyente en la distorsión de la memoria. Esto significa que una vez que un político ha expresado una mentira, puede sentirse anclado a esa versión y, para evitar ser atrapado en una mentira, se verá motivado a mantenerla, incluso si entra en conflicto con la realidad. Esto puede llevarlos a creer en su propia mentira y a distorsionar sus recuerdos originales para que coincidan con su versión falsa.[4]
En el ámbito político, la presión para mantener una imagen coherente y atractiva ante el público puede influir en cómo los políticos creen en sus propias mentiras. La disonancia cognitiva, como describo anteriomente, puede motivar a los políticos a suprimir recuerdos que no se alinean con sus declaraciones públicas y a creer en sus propias mentiras para aliviar el sentimiento de culpa o conflicto interno asociado con el engaño.[5]
Es esencial que tanto los políticos como los ciudadanos sean conscientes de cómo las mentiras políticas pueden afectar la formación de sus propios recuerdos y cómo esto puede tener implicaciones significativas en la toma de decisiones políticas y en la confianza en los líderes.
[1] Loftus, E. F. (2005) <<Planting misinformation in the human mind: A 30-year investigation of the malleability of memory>> Learning & Memory, 12(4), 361-366.
[2] Otgaar, H., Scoboria, A., & Smeets, T. (2013) <<Experimentally evoking nonbelieved memories for childhood events>>. Journal of experimental psychology. Learning, memory, and cognition, 39(3), 717–730. https://doi.org/10.1037/a0029668
[3] Riesthuis, P., Otgaar, H., de Cort, A., Bogaard, A., & Mangiulli, I. (2022) <<Creating a false alibi leads to errors of commission and omission>> Applied Cognitive Psychology, 36, 936– 945. https://doi.org/10.1002/acp.3982
[4] Polage, D. C. (2012) <<Making up history: False memories of fake news stories>> Europe’s Journal of Psychology, 8(2), 245-250.
[5] Shu, L. L., Mazar, N., Gino, F., Ariely, D., & Bazerman, M. H. (2011) <<Signing at the beginning makes ethics salient and decreases dishonest self-reports in comparison to signing at the end>> Proceedings of the National Academy of Sciences, 108(9), 3809-3814.
