En la era de la comunicación instantánea, paradójicamente, impera la incomunicación. Nos encontramos en una sociedad en constante proceso de adaptación, donde los cambios vertiginosos nos desafían a encontrar formas efectivas de conectar y transmitir ideas. Es fundamental comprender que la libertad de expresión debe ser valorada, incluso cuando las ideas de otros sean opuestas a las nuestras.
Vivimos en un tiempo en el que las nuevas generaciones parecen estar programadas, convirtiéndose en policías de sí mismas. Este fenómeno se refleja en las universidades norteamericanas, donde comediantes de renombre como Jerry Seinfeld, Chris Rock, Bill Maher, Dave Chapelle o Bill Burr se sienten renuentes a presentarse debido a la tendencia de los jóvenes a ofenderse rápidamente por cualquier chiste. Esta autocensura resulta incomprensible y refuerza el yugo de lo políticamente correcto.
Por otro lado, es preocupante observar cómo algunos escritores y teóricos de la conspiración como Alex Jones, David Icke, Dick Gregory, Jordan Maxwell, Judy Mikovits, Andrew Wakefield, Mike Adam, Wolfgang Halbig, Jim Marrs, Eric Jon Phelps, Mark Dice, Jesse Ventura, David Wilcock, Robert F. Kennedy Jr., Laura Eisenhower y Judy Wood son cancelados y excluidos por la prensa dominante. Aunque un joven puede decidir cambiar de sexo sin consultar a nadie, se le prohíbe escuchar las ideas de estas personas por temor a que tomen una mala decisión. Existe una hipocresía evidente en esta actitud.
Además, nos enfrentamos a un sistema de algoritmos de control despiadado que recopila datos, crea perfiles personalizados, filtra información y toma decisiones automatizadas. En este escenario, es difícil mantenernos «inocentes como las palomas y astutos como las serpientes», como sugiere el versículo. ¿Cómo podemos avanzar en nuestras causas sin enfrentar el rechazo de una población que ha sido programada por el sistema de educación y otros medios?
En este sentido, es esencial utilizar una estrategia de comunicación efectiva y construir una narrativa convincente. Debemos presentar nuestros argumentos de manera clara y persuasiva, evitando la confrontación directa y la imposición de ideas. Escuchar y comprender las preocupaciones de la audiencia, generar empatía y establecer un diálogo respetuoso son aspectos clave para lograr una comunicación efectiva.
Las plataformas digitales y las redes sociales juegan un papel crucial en alcanzar a un público más amplio y diverso. La creatividad en la presentación del contenido, ya sea a través de videos, infografías o historias con impacto emocional, puede captar la atención y despertar el interés de las personas.
Asimismo, es fundamental respaldar nuestros argumentos con evidencias sólidas y fuentes fiables. Transmitir información veraz y contrastada nos ayudará a generar confianza y credibilidad en el mensaje que queremos transmitir.
No podemos esperar cambios de mentalidad instantáneos. Requiere tiempo, paciencia y persistencia. Nuestra misión no es solo convencer, sino sembrar la semilla del pensamiento crítico y el cuestionamiento constructivo.
