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Halloween y la renuncia cristiana al mal

10–15 minutos

·

26 octubre, 2026

·

Editorial
Postal histórica de Halloween con un demonio sentado sobre una calabaza tallada.

Por Michael A. Galascio, PhD · Policy Examination

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La posición que defiendo es clara: los cristianos deben abstenerse de celebrar Halloween y recuperar el sentido religioso de estas fechas. La fidelidad a Dios exige decidir qué merece nuestra participación, qué enseñamos a nuestros hijos y qué símbolos incorporamos a la vida familiar. La popularidad de una costumbre no resuelve ninguna de esas cuestiones.

Cuando una celebración convierte la hechicería en atractivo, la profanación en diversión y lo demoníaco en motivo de admiración, el cristiano tiene razones suficientes para rechazarla. Nadie necesita esperar a participar en una invocación para decidir que ese ambiente resulta ajeno a la educación que quiere transmitir.

Esta defensa de la abstención completa es un juicio pastoral y prudencial, fundado en principios católicos. La Iglesia condena expresamente el ocultismo, la adivinación y el sacrilegio; no ha establecido una prohibición universal de todas las actividades agrupadas bajo el nombre de Halloween. Reconocer ese alcance es una exigencia de fidelidad doctrinal. Desde él puede defenderse una renuncia firme, razonada y completa.

La primera obligación es la fidelidad a Dios

El primer mandamiento compromete la vida entera. Las celebraciones forman parte de ella: expresan aquello a lo que concedemos atención, tiempo, recursos y reconocimiento.

Deuteronomio 18,9-14 rechaza la adivinación, la hechicería y la consulta a los muertos. Levítico 19,31 prohíbe acudir a médiums y adivinos. El Catecismo mantiene esa enseñanza en los números 2116 y 2117: rechaza la evocación de los muertos y las prácticas destinadas a obtener poderes ocultos. El número 2120 condena el sacrilegio. [1]

Organizar una sesión de espiritismo como entretenimiento no elimina su objeto. Presentar una invocación como una experiencia entre amigos tampoco la convierte en una acción inocua desde la moral cristiana. La diversión es una intención; no constituye una absolución.

La moralidad de una acción depende del objeto elegido, de la intención y de las circunstancias. Una intención recreativa no vuelve buena una acción contraria a la virtud de la religión. Este criterio permite hablar con precisión y establecer límites sin recurrir a fantasías sobre objetos automáticamente contaminados. [2]

La renuncia bautismal debe tener consecuencias

El bautismo incluye una renuncia a Satanás, a sus obras y a sus seducciones. Esa renuncia debe orientar las decisiones posteriores del cristiano. Carecería de coherencia pronunciarla solemnemente y considerar después irrelevante cualquier representación festiva del mal.

Primera Corintios 10,14-22 establece la incompatibilidad entre la comunión con el Señor y la participación en sacrificios idolátricos. El mismo capítulo distingue ese acto de culto del consumo ordinario de alimentos. La distinción es precisa: compartir un dulce no equivale a invocar a un demonio. Tampoco obliga a adoptar la celebración en cuyo marco se reparte.

La tesis de abstención se sostiene sin declarar culpable cada gesto aislado. Una familia puede renunciar a una fiesta por el conjunto de significados que esta promueve y elegir una convivencia con contenidos que pueda asumir plenamente.

Hechos 19,18-20 muestra que la conversión lleva a abandonar prácticas anteriores. La familiaridad, la diversión y la aceptación social no conceden inmunidad moral a una costumbre. La vida cristiana requiere renuncias concretas.

Qué significa hablar de un componente satánico

Donde existe una invocación deliberada de Satanás o un rito dirigido a honrarlo, la expresión «satánico» tiene un significado religioso directo. Donde se celebra su figura como deseable, desafiante o admirable, existe una exaltación simbólica incompatible con la formación cristiana.

Estas realidades deben distinguirse de la ficción que representa el mal para denunciarlo. La tradición cristiana conoce imágenes del demonio, del juicio y de la muerte. La cuestión decisiva es el sentido de la representación: qué se presenta como digno de rechazo y qué se invita a celebrar.

La propia Church of Satan incluye Halloween entre las fechas que sus miembros pueden celebrar. Su satanismo es no teísta y utiliza a Satanás como símbolo. Esa apropiación contemporánea está documentada; no demuestra que todas las familias participantes rindan culto al demonio. Sí impide despachar cualquier asociación entre Halloween y el satanismo como una invención. [3]

La crítica católica debe dirigirse con firmeza a la invocación, la profanación y la exaltación del mal. Su fuerza depende de describir correctamente lo que condena.

La historia no concede una dispensa moral

Halloween reúne antecedentes paganos, tradiciones cristianas y transformaciones comerciales posteriores. Entre sus antecedentes figura Samhain, festividad gaélica vinculada al cambio estacional. Su nombre procede de la víspera de Todos los Santos, All Hallows’ Eve. [4]

Ese origen compuesto no obliga a aprobar sus manifestaciones actuales. La etimología cristiana de una palabra no santifica cuanto se comercializa bajo ella. Tampoco hace falta demostrar que cada disfraz reproduce un rito antiguo para rechazar una celebración centrada en la fascinación por la hechicería o la profanación.

La cuestión moral se plantea en el presente: qué hacemos, qué celebramos y qué transmitimos. El pasado aporta contexto. La responsabilidad corresponde a quienes eligen hoy.

Los padres deben decidir qué merece una celebración

Un niño aprende de aquello que los adultos preparan con entusiasmo. Aprende qué figuras reciben atención, qué comportamientos provocan aprobación y qué experiencias se repiten como acontecimientos importantes.

Desde una perspectiva educativa, resulta razonable examinar el sentido acumulado de esas elecciones. La cuestión no exige atribuir a un disfraz efectos psicológicos inevitables. Exige reconocer que los padres enseñan mediante lo que celebran.

Si una familia presenta la santidad como una obligación tediosa y reserva la creatividad, el gasto y la alegría para una fiesta de contenido macabro, establece una jerarquía práctica. Después no bastará explicar que la fe era lo más importante. Los hijos habrán visto dónde se concentraba el interés.

Representar al mal dentro de una historia que lo condena tiene un sentido distinto de convertirlo en protagonista admirado de una celebración. Educar implica enseñar esa diferencia y actuar de acuerdo con ella.

Los padres pueden rechazar Halloween sin despreciar a sus vecinos, sin asustar a sus hijos y sin convertir cada golosina en motivo de sospecha. Deben ofrecer una explicación comprensible y una celebración propia que merezca ser recordada.

La presión social no sustituye al criterio

La frase «todo el mundo lo hace» describe una costumbre. No demuestra su conveniencia.

Una familia conserva el derecho a organizar su vida religiosa aunque su elección resulte minoritaria. La convivencia permite compartir espacios con quienes celebran Halloween y mantener relaciones cordiales sin adoptar su calendario festivo.

También los colegios deben distinguir entre ofrecer una actividad y convertirla en una expectativa que penalice a quienes se abstienen. Respetar las convicciones familiares incluye aceptar su expresión práctica.

Cuando la celebración comercial se presenta como participación obligada y la objeción religiosa se ridiculiza, corresponde examinar esa presión con el mismo rigor que cualquier otra. La popularidad no otorga autoridad sobre la conciencia de los padres.

La trivialización comercial | del recuerdo de los muertos al disfraz de la mascota

La National Retail Federation prevé para 2026 un gasto de 13.500 millones de dólares en Halloween en Estados Unidos, incluidos 920 millones en disfraces para mascotas. Son estimaciones de consumo estadounidense, no una facturación mundial ya realizada. [5]

La cifra destinada a mascotas merece detenerse: 920 millones de dólares previstos para vestir animales durante una celebración. Calabazas, perritos calientes y fantasmas figuran entre los disfraces mencionados por la encuesta. El dato muestra hasta qué punto la industria ha ampliado las ocasiones de compra. La mascota también se convierte en destinataria de un producto estacional. [5]

La comercialización se extiende durante semanas. Según la misma encuesta, el 49 % de los consumidores prevé comenzar sus compras en septiembre o antes. Una fecha del calendario se transforma así en una temporada comercial que reclama presupuesto, preparación y atención. Disfraces, dulces, adornos y accesorios permiten multiplicar las ventas alrededor de un mismo acontecimiento. [5]

Ese mecanismo ayuda a comprender el aspecto trivial de la celebración: imágenes de la muerte y del mundo espiritual se reducen a decoración desechable, accesorios fotográficos y motivos para comprar. Lo que debería suscitar preguntas sobre el destino humano puede terminar convertido en una selección de productos. La muerte queda disponible como estética de temporada, sin exigir reflexión alguna sobre su significado.

Desde una perspectiva católica, esa banalización merece una crítica propia. Recordar a los difuntos compromete la memoria, la oración y la esperanza; consumir una escenografía macabra puede agotarse en el entretenimiento de una noche. Cuando la preparación comercial absorbe el entusiasmo familiar y las celebraciones religiosas apenas reciben atención, conviene reconocer qué prioridad se está enseñando de hecho.

Gastar en disfraces para mascotas no demuestra satanismo. Sí ofrece un ejemplo concreto del carácter accesorio de buena parte de este mercado y permite preguntar por la proporción entre recursos, finalidad y valor. Una familia cristiana puede decidir que su dinero y su esfuerzo merecen otros destinos: ayudar a una persona necesitada, acompañar a quien vive solo o preparar con cuidado una celebración religiosa.

El éxito comercial no decide qué debe celebrar un católico. Las empresas responden a incentivos económicos; los padres responden de sus decisiones educativas. La publicidad puede proponer una compra. No tiene autoridad para establecer una obligación familiar.

La advertencia espiritual exige sobriedad

La experiencia pastoral de los exorcistas merece atención cuando advierte contra la experimentación ocultista y la glorificación del mal. Su autoridad no convierte automáticamente cada opinión particular o relato recibido en doctrina de la Iglesia.

Conozco la trayectoria del padre Dan Reehil y concedo credibilidad a su testimonio. Por ello, considero importante recoger una declaración concreta suya. En su entrevista del 28 de octubre de 2024, relató una conversación con el padre James LeBar, exorcista al que conoció en Nueva York después de su conversión, durante la etapa en que trabajaba en Wall Street. Según Reehil, LeBar le advirtió: «Halloween es la época más peligrosa del año para las personas sin hogar». La cita se ofrece traducida del inglés. [7]

Reehil explicó que, según lo que LeBar le había contado, algunas personas sin hogar eran captadas mediante promesas de comida, alojamiento y aseo, trasladadas en furgonetas y retenidas para supuestos sacrificios al diablo durante la noche de Halloween. La gravedad de esa denuncia exige precisión: la entrevista acredita que Reehil la formuló y la atribuyó a LeBar; no aporta pruebas independientes que permitan presentar los crímenes descritos como hechos demostrados. [7]

La advertencia queda recogida como testimonio atribuido, con ese alcance. Su contenido expresa la preocupación de ambos sacerdotes por los usos criminales y ocultistas que atribuían a la fecha. El argumento teológico contra la invocación y la exaltación del mal conserva su fundamento en la doctrina, sin depender de que esa denuncia llegue a acreditarse.

También resulta pertinente la advertencia del padre Chad Ripperger. En su entrevista del 5 de marzo de 2026, al explicar cómo, según su experiencia como exorcista, se producen determinadas influencias demoníacas sobre lugares y personas, señaló principalmente la actividad ocultista y mencionó expresamente la brujería y el satanismo. Es una valoración de su experiencia pastoral, referida al ocultismo en general. [8]

Aplicada al asunto de este ensayo, esa advertencia refuerza un límite concreto: las invocaciones y la experimentación ocultista deben quedar excluidas de cualquier actividad familiar. Su presentación como entretenimiento no las hace compatibles con la fe. El fundamento doctrinal de ese rechazo se encuentra en el primer mandamiento y en la condena de la magia y la adivinación recogida en el Catecismo. [1]

La realidad del mal espiritual pertenece a la fe católica. Afirmar que un disfraz entrega automáticamente a un niño al demonio introduce una causalidad que debe demostrarse, no presumirse. El Catecismo recuerda además la necesidad de distinguir el discernimiento del exorcismo de la atención de enfermedades psíquicas. [6]

La vigilancia cristiana requiere oración, formación y prudencia. Alimentar el miedo mediante afirmaciones indemostradas contradice esa sobriedad.

Recuperar Todos los Santos y la oración por los difuntos

Los católicos tienen celebraciones propias para estas fechas. Todos los Santos dirige la atención hacia la santidad y la comunión con quienes viven en Dios. La conmemoración de los fieles difuntos invita a rezar por los muertos y a afrontar la muerte desde la esperanza cristiana.

Ese contenido merece tiempo, preparación y alegría. Puede expresarse mediante la misa, la oración familiar, la visita al cementerio, el recuerdo agradecido de los difuntos, la lectura de vidas de santos y encuentros infantiles preparados con cuidado.

La alternativa exige trabajo. Si se ofrece de forma improvisada y sin entusiasmo, los niños percibirán esa pobreza. Los adultos deben asumir la responsabilidad de dar presencia real a lo que consideran valioso.

Cambiar el nombre de una fiesta tampoco resuelve su contenido. Una actividad parroquial debe juzgarse por lo que hace y comunica. Si está centrada en la oración, los santos y la caridad, dispone de una identidad religiosa que debe hacerse visible.

Una decisión coherente

Defiendo la abstención completa de Halloween porque permite ordenar estas fechas según una prioridad cristiana explícita. Esa elección evita participar en ambientes que trivializan el ocultismo, establece un criterio educativo comprensible y dedica la atención familiar a celebraciones de contenido católico.

No exige atribuir intenciones satánicas a otras familias. Exige asumir las propias convicciones y sostenerlas con razones.

El cristiano puede rechazar una celebración popular, explicar su decisión y mantener la caridad. Puede enseñar a sus hijos a convivir sin imitar todas las costumbres de su entorno. Puede dedicar recursos y entusiasmo a la santidad, a la oración por los difuntos y a una alegría coherente con su fe.

La renuncia a Halloween debe concretarse en esa elección. La fidelidad religiosa se vuelve visible cuando organiza la vida.

Referencias documentales

[1] Catecismo de la Iglesia Católica, 2116-2117 y 2120. https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2c1a1_sp.html

[2] Catecismo de la Iglesia Católica, 1750-1756. https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c1a4_sp.html

[3] Church of Satan, F.A.Q. Holidays. Fuente institucional sobre sus propias celebraciones. https://churchofsatan.com/faq-holidays/

[4] Library of Congress, The Origins of Halloween Traditions. https://blogs.loc.gov/headlinesandheroes/2021/10/the-origins-of-halloween-traditions/

[5] National Retail Federation, encuesta de Halloween de 2026, publicada el 22 de septiembre de 2026. https://nrf.com/media-center/press-releases/nrf-halloween-survey-shows-consumer-spending-expected-to-reach-13-5-billion

[6] Catecismo de la Iglesia Católica, 1673. https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p2s2c4a1_sp.html

[7] The Shawn Ryan Show, episodio 141, entrevista al padre Dan Reehil, 28 de octubre de 2024. Pasaje sobre James LeBar: aproximadamente 2:41:47–2:42:30, con posibles variaciones por publicidad. Transcripción: https://podcasts.happyscribe.com/shawn-ryan-show/141-father-dan-reehil-inside-the-demonic-world-with-an-exorcist

[8] The Shawn Ryan Show, episodio 285, entrevista al padre Chad Ripperger, 5 de marzo de 2026. Transcripción publicada por The Singju Post, apartado «How Demons Enter and Influence People». Se utiliza como testimonio de su explicación sobre el ocultismo, no como una declaración específica contra toda celebración de Halloween. https://singjupost.com/shawn-ryan-show-srs-285-with-father-chad-ripperger-transcript/

Referencias bíblicas: Deuteronomio 18,9-14; Levítico 19,31; Hechos 19,18-20; 1 Corintios 10,14-31; Efesios 5,8-11.

Imagen destacada: postal de Halloween, hacia 1910. H. B. Griggs. Missouri History Museum, vía Wikimedia Commons. Dominio público.

#Halloween #FeCatólica #Ocultismo #TodosLosSantos #PolicyExamination

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